CineMaverick

www.detodoexpress.com

La Copa del Mundo y el ojo del tigre

Categoría: Cine y Sedal | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

El 11 de julio de 2010 fue un día histórico para España. El 11 de julio, dos mundos se encontraron y se fundieron en uno solo. El 11 de julio, contra todo pronóstico, el fútbol se hizo cine.

Porque contra Alemania fue un partido impecable. Pero la limpieza, deseable y deportiva, nos privó entonces de la magia, del cuento, de la luz del proyector. Porque, claro, las películas nunca nos cuentan las semifinales. Así que fue en la final donde salimos a ganar, pero mentalizados de perder. Como Daniel Larusso, era la primera vez que nos veíamos en una final, y ya era premio suficiente. El señor Miyagi, impasible como siempre, observaba desde el banquillo. Pero el rival, como el Cobra Kai, decidió que había que ir a por nosotros, y atacó a la rodilla. O al pecho, que para el caso es lo mismo. Ahí es donde hizo su aparición el cine.

Porque ya no era un país contra otro. De pronto, sobre el terreno de juego había buenos y malos. Los que jugaban su tercera final y estaban dispuestos a todo por ganarla, como Apollo Creed; y los que se veían allí, casi de prestado, tratando de demostrar que habían llegado por méritos propios. “No habrá revancha”, pareció decirle el pie de De Jong a Xabi Alonso. “No la necesito”, contestó Iniesta. Nos dieron cera. Pulimos cera.

Y ahí ya no se jugaba una copa. En las películas, la copa es un símbolo de algo más. De superación personal, de lucha por conseguir a la persona amada, lo que sea. Ése es el problema del fútbol, que la copa, al final, sólo es un trozo del metal de turno. Oro o latón, da lo mismo. Pero el 11 de julio la copa era la búsqueda de justicia. Los matones del Cobra Kai no merecían ganar, porque los malos no se deben llevar el trofeo, ni los aplausos, ni a la chica. Faltaba, pues, saber si había final feliz, de Hollywood, a la vuelta de la esquina, o nos esperaba algo menos star-system, más oscuro.

Como el buen cine, tres minutos antes de sonar la campana todo estaba en el aire. Golpeados, magullados, y teniendo claro que nos merecíamos más. Mucho más. Y ahí nos crecimos. Nos levantamos de la lona. Nos equilibramos sobre la pierna sana, a tiempo para el ataque final. Y cuando entraron, una última vez, a por nosotros, hicimos la grulla. A la desesperada. Firmes. Certeros. Los buenos ganaban, como debe ser, en el último momento. Los aplausos del público certificaban que el relato se acababa, pero la magia del cine aún tenía un as en la manga, una última lección sobre el arte de contar historias:

Las mejores películas terminan con un beso.

VN:F [1.9.17_1161]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)

www.detodoexpress.com

Comentarios