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La Ley de Kersey. Parte I

Categoría: De la B a la Z | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

¡Ancianos atracados a plena luz del día! ¡Mujeres violadas por los productos del fracaso escolar! ¡Niños robando helados! Una policía insuficiente libera a asesinos y hippies a los pocos días de entrar en prisión mientras te impide tener en casa un revólver o una escopeta con los que hacer valer tus argumentos, y tu gobierno corrupto no muestra el menor interés. ¿Hasta cuándo piensas aguantar?

Póster de Death Wish

Esta pregunta planteaba al público Death Wish, novela publicada en 1972 y escrita por Brian Garfield. El libro mostraba una siniestra Nueva York en la que era imposible salir a comprar chicle sin ser violado y atracado (en ese orden), y como en las calles reales el clima no era muy distinto, el héroe que presentaba -un padre de familia que reacciona a una tragedia familiar con furia asesina y disparos de revólver- encontró rápidamente el amor de “mamá, béisbol y pastel de manzana”, la sangre y huesos de América. La polémica generada por la aparición de justicieros callejeros que imponían su propia ley, y por la supuesta promoción que de ellos se hacía en la novela, escaló hasta ese punto inevitable en el que una película debe aparecer; o la posibilidad de crear una propiedad intelectual multimillonaria morirá de manera trágica.

Death Wish, adaptación cinematográfica estrenada en 1974 bajo el título español de El Justiciero de la Ciudad, nos cuenta la historia de Paul Kersey, un pacífico arquitecto de Nueva York. El infortunio asalta a Kersey cuando su esposa y su hija son violadas y atracadas por delincuentes callejeros, resultando su esposa muerta. Kersey, de mentalidad pacifista, no reacciona con violencia de inmediato; pero pronto las circunstancias le obligan a empuñar el revólver y cambiar su proceder.

Hay que alegar que Death Wish nunca fue ni será serie B, ni mucho menos: la recepción crítica fue positiva gracias a la competente dirección de Michael Winner, cineasta británico conocido por comedias ingeniosas y rebeldes como Hannibal Brooks; y el éxito de público estaba asegurado con un Charles Bronson ya reconocible por papeles de “tío duro” eficientemente actuados en películas como Érase una Vez en el Oeste, Doce del Patíbulo o Los Siete Magníficos. Además, sus temas de delincuencia callejera y acción individual atrajeron al público, aunque no fueron pocos los medios que vieron la película como una manipulación al público, y es que Death Wish inició toda una subcultura de vigilantes (justicieros armados que actúan al margen de la ley) que se ramificó por distintos medios (Punisher, originalmente villano del Spider-Man de Marvel, tuvo evidentes influencias) y que afectó profundamente al clima político estadounidense de los años 70. De esta manera, vemos en la película un sistema de justicia incompetente y la celebración de las acciones del justiciero desconocido por el público (aunque no alcanza el nivel de ultraviolencia absurda que veremos en el siguiente DBZ). Bronson, ayudado por una vejez prematura acompañada de un físico envidiable, comenzó una nueva ramificación en su currículo de acción con papeles de justiciero como el que interpretaría en secuelas de esta película; así como otras obras tales como La Ley de Murphy. Interesantemente, otra futura estrella  en el reparto de esta película es un entonces jovencísimo Jeff Goldblum, en el papel de uno de los pandilleros, y que más tarde nos demostraría los peligros de la ciencia descontrolada en La Mosca o Parque Jurásico. Finalmente, el éxito de Death Wish fue más que suficiente como para que Garfield (Brian, no el gato) se animase a escribir Death Sentence, secuela de la novela original… asegurando así la posibilidad de una secuela fílmica. Hollywood se preparaba para una oleada de masacres callejeras, violaciones, ancianos en llamas y machismo enardecido.

En 1982 aparece Death Wish II, con el título de Yo Soy la Justicia en España. Winner y Bronson repetían en sus respectivos puestos, y la película nos narraba la nueva vida de Kersey; que sale física y legalmente intacto de su cruzada justiciera en Nueva York. Ahora asentado en Los Angeles, vive felizmente con su prometida Geri Nichols (interpretada por la entonces esposa real de Bronson, Jill Ireland) y su criada, mientras que su hija está hospitalizada a causa de las secuelas psicológicas de su violación. Sin embargo, el crimen callejero vuelve a irrumpir en la vida de Kersey, con la violación y asesinato de su criada y su hija. Y los rumores acerca de un justiciero en las calles vuelven a surgir…

Y ahora sí que hablamos de exploitation, y de la descarada. Por entonces los derechos de la novela de Garfield pasaron a manos del grupo Cannon -productores con cierta carencia de escrúpulos, responsables de joyas grotescas como Invasión USA- que probablemente no tenían mucho interés en ninguna cosa remotamente relacionada con bibliotecas. Por tanto, la película carece de relación alguna con la secuela literaria. La trama en sí es un remake de Death Wish con ultraviolencia extra, constituyendo ya un miembro de la acción de los 80 de pleno derecho, aunque todavía anticipándose a los primeros grandes ejemplos del estilo. No os quepa duda alguna: la película es terrible. El ritmo es horrendo y las actuaciones, lideradas por un Bronson que probablemente tenía el dinero en mente ante todo, podrían imitarse con maniquíes y un doblaje de El Informal. La trama tiene todo tipo de incoherencias, como la propia actuación de Kersey (que se niega a colaborar con la policía, lo que hubiese debido convertirle en un sospechoso primario). No le faltan algunas virtudes, sin embargo: la labor de Winner, palpable a lo largo de la trama, con algunas escenas de acción bastante ocurrentes y bien rodadas (y sobre todo la escalofriante escena de la violación de Carol, la hija de Kersey); la violencia gráfica en sí, que satisfará a cualquier fan del género; y especialmente la banda sonora compuesta e interpretada por el mitológico Jimmy Page (virtuoso guitarrista y fundador de los rockeros extraordinarios, Led Zeppelin, además de ser el vecino de Winner), contribuyen a hacer de una película mediocre algo definitivamente visible para cualquier interesado en el subgénero de la acción ochentera. A modo de anécdotas puedo mencionaros que otro joven actor, Laurence Fishburne, que por entonces probablemente ni soñaba trabajar con Clint Eastwood o recetar pastillas rojas a Neo, interpreta a Cutter – el mismísimo violador de la pobre Carol Kersey, a la que interpretaba Robin Sherwood, quien no volvió a actuar tras rodar la horrible muerte de su personaje (las bromas sobre el pene de Cutter y empalamientos en verjas son inevitables). Es interesante también que el personaje de Geri Nichols sobreviva al final de la película, pero trataremos esta excepción a los cánones del cine de acción ochentero en un artículo futuro.

En definitiva, se trata de una película horrible pero bastante divertida, con una banda sonora digna de atención para los más frikis. Y tiene una secuela que es, probablemente, mi película favorita de toda la historia. Aparte de Rashomon, claro.

La próxima entrega en DBZ: DEATH WISH 3 – EL JUSTICIERO DE LA NOCHE.

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