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La Ley de Kersey. Parte II

Categoría: De la B a la Z | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

¡Hola de nuevo, lectores! Vuelvo con vosotros una vez más, en esta ocasión con el siguiente episodio en la historia del arquitecto, justiciero y ex-médico militar Paul Kersey, al que encarnó de 1974 a 1994 nuestro querido actor letón-americano Charles Dennis Buchinsky, más conocido como Charles Bronson. Adentráos conmigo en el fascinante y siniestro apocalipsis suburbano de Death Wish 3, o El Justiciero de la Noche para nosotros.

La última vez que le vimos, Paul abandonaba la posibilidad de casarse y reformar su vida en pos de una venganza sangrienta a la par que electrizante (si habéis sido buenos y visto las películas, sabréis a qué me refiero). Mientras tanto, en el mundo real el grupo Cannon andaba necesitado de dinero y no había tercera novela sobre las andanzas del justiciero que enardeció el sentimiento anticriminal en las calles estadounidenses. En 1985 el tándem Winner-Bronson responsable de ambas entregas anteriores se reunió para retomar el proyecto, esta vez dándole la dirección que requería la era de la acción de los 80, ya plenamente introducida con películas como la propia Death Wish II o Rambo: Acorralado, ambas de 1982.

La nueva entrega de Death Wish nos muestra a Kersey, que tras su ristra de delincuentes muertos en Los Angeles vuelve a Nueva York para visitar a Charley (Francis Drake, espero que nada que ver con el pirata), un antiguo compañero de sus tiempos de guerra en Corea. Charley, sin embargo, es asesinado poco antes de llegar Kersey, que es arrestado y puesto entre rejas por el cínico y cansado inspector Shriker (Ed Lauter), y allí conoce al malvado Manny Fraker (Gavan O’Herlihy), jefe de la banda que mantiene Brooklyn bajo un dominio de terror. A su salida de prisión, Kersey se gana la amistad de Bennett (Martin Balsam), vecino y otro antiguo compañero de guerra de Charley, que presenta a Kersey al resto de habitantes de la vecindad, oprimidos por la banda de Fraker y el cuerpo de policía, corrupto e incompetente. La situación no tarda en empeorar a pasos agigantados, con violaciones, robos y asesinatos apilándose unos sobre otros; y Kersey vuelve a empuñar la pistola para enfrentarse a la violencia callejera.

La primera vez, siempre es difícil juzgar si El Justiciero de la Noche es terrible o genial. Empezaré por lo malo: Charles Bronson, pese a mantenerse en evidente forma y seguir siendo bastante amenazador, tiene a veces el aspecto de necesitar urgentemente un hogar de retiro. Esto se evidencia sobre todo en las escenas románticas con la abogada Kathryn Davis (Deborah Raffin), que aparenta la edad que debería tener entonces su hija, de no haber muerto ésta horriblemente en la película anterior. Por otro lado el diálogo es disparatadamente malo, tanto en versión original como en la española; con momentos estelares como Bennett quejándose de que los pandilleros rompen sus ventanas escasos minutos tras la muerte de su viejo amigo. Una vez más, el escenario que nos presenta la película es completamente surrealista, con la policía concentrada en retirar armas a los ciudadanos inocentes mientras los pandilleros se matan entre ellos sin motivo aparente. La desproporcionada escalada de violencia y muertes ridículas como la de Kathryn (se estrella contra un coche, acto seguido ambos vehículos explotan en lo que casi parece un pequeño hongo nuclear) o la de Maria (interpretada por Marina Sirtis, y que tras ser violada muere de una fractura en un brazo – no mucho después Bennett sobrevive sin mayor problema a una caída desde un primer piso que le deja varias fracturas, misterios de la osteoporosis), que no dejan de sucederse, hacen que la película deje estupefacto a cualquiera que la ve por primera vez.

Pero a la perplejidad y la transposición, siguen sucesivos visionados, y entonces las bondades de la cinta salen a la luz. Primero de todo, Michael Winner repite a la dirección, y en plena forma. Esto hace que la película, por mucho que sea un trabajo de bajo presupuesto, tenga en general un aspecto altamente profesional que sólo traicionan algunos muñecos, muy evidentes en ciertas escenas. Los tiroteos, salvo por algún momento inexplicable pero francamente divertido, están rodados con un gran sentido del espectáculo, y la cuenta de cadáveres es muy consistente gracias a la masacre que se desata en los últimos veinte minutos de película. La verdadera guerra que estalla en ese supuesto Brooklyn (por lo que se sabe, en realidad es la Londres natal de Winner) está francamente bien rodada y tiene secuencias de acción tan imaginativas como cabría esperar del director británico. Por otro lado, el reparto no está mal. Fraker es un villano surrealistamente malvado, pero sus muecas, su actitud y su estética vagamente neonazi le hacen un antagonista más que funcional; mientras que Lauter interpreta a un policía que actúa al borde de lo legal, saliéndose del cliché con manerismos tan divertidos como su fobia agresiva a las cucarachas, que parecen convertirse en una metáfora visual para la corrupción policial. Además, es inmune a los cócteles molotov. Asímismo, hay bastantes secundarios rodeando a Kersey que integran su nuevo vecindario, y cuya diversidad racial y cultural ayuda a la película a distanciarse un poco del tono casi racista de la segunda mientras dan al menos un ligerísimo atisbo de credibilidad al escenario; y algunos de ellos -como Rodríguez, el marido de María interpretado por Joseph González- se hacen bastante queridos, tomando parte activa en los esfuerzos de Kersey. La banda sonora, además, expande sobre el trabajo del gran Jimmy Page en la película anterior con nuevos temas y arreglos compuestos e interpretados por Mike Moran, virtuoso de los sintetizadores. Parece ser que Winner tiene buenas relaciones en la escena musical inglesa.

Pero si nada de esto os convence, dejadme volver a la ultraviolencia. La cantidad de muerte que sucede en esta película es verdaderamente alucinante. Gente explota, es disparada, apuñalada, lanzada desde grandes alturas. El clímax llega durante la media hora final. En un momento dado, los ciudadanos -que hasta entonces aguantaban como podían a los criminales- se alzan en armas y emboscan a unos pandilleros, a los que acribillan, rematan y saquean mientras disparan al aire para celebrarlo. Mientras tanto, ancianas y niños bailan alrededor de los cadáveres ensangrentados; y no, no estamos viendo Mad Max. Y durante toda esta hecatombe de locura, Kersey y Shriker caminan tranquilamente por la ciudad, masacrando criminales en un mar de fuego y plomo. Así hasta el enfrentamiento final entre Kersey y Fraker, que no os voy a revelar pero se resuelve de una manera que todos hemos soñado ver en una película de acción perfecta, pero muy pocos directores se dignan a darnos. Winner y Bronson, sacrificando cualquier consideración meritoria de sus carreras por darnos cinco minutos de puro clímax ultraviolento, y ultrasatisfactorio. Nunca os olvidaré.

El Justiciero de la Noche tiene su propia ración de curiosidades y anécdotas. Las leyendas urbanas dicen que con cada emisión de la película en las cadenas estadounidenses, las ventas de la pistola Magnum .457 Wildey que Kersey emplea en la película se disparan. Marina Sirtis saltó a la fama posteriormente en la ciencia-ficción como la guapa comandante Deanna Troi en Star Trek: la Nueva Generación. Una de las pocas pandilleras que vemos, bastante llamativa, está interpretada por Barbie Wilde; que posteriormente interpretaría a la Mujer Cenobita en Hellraiser II, y que además grabó un par de singles como cantante y bailarina del grupo de rock, SHOCK. Os recomiendo buscar vídeos de esto, si queréis una sobredosis de ochenterismo completa. Además, tanto Miss Wilde como Deborah Raffin formaron parte del reparto de Grizzly II: the Predator junto a los mismísimos George Clooney o Laura Dern. De esta película, jamás estrenada, os hablaré más en no mucho tiempo. Finalmente, un servidor está seguro de que las fotos de guerra en el apartamento de Charley nos muestran al propio Charles Bronson, durante su servicio en la Segunda Guerra Mundial.

En conclusión, puedo recomendar El Justiciero de la Noche con total sinceridad. No iré tan lejos como para afirmar que sea una sátira a conciencia de las películas de vigilantes, pero todo lo que le falta en pretensión lo compensa con puro y genuino entretenimiento. Es, por tanto, con gran tristeza en el corazón que anuncio mi siguiente DBZ como la historia del declive de Kersey, con Death Wish 4: the Crackdown y Death Wish V: the Face of Death – título tristemente apropiado. Hasta entonces, ya sabéis qué hacer.

Kike out!

¡Hola
de nuevo, lectores! Vuelvo con vosotros una vez más, en esta ocasión
con el siguiente episodio en la historia del arquitecto,
justiciero
y ex-médico militar Paul Kersey, al que encarnó de 1974 a 1994
nuestro querido actor letón-americano Charles Dennis Buchinsky, más
conocido como
Charles
Bronson.
Adentráos
conmigo en el fascinante y siniestro apocalipsis suburbano de
Death
Wish 3: El Justiciero de la Noche.

La
última vez que le vimos, Paul abandonaba la posibilidad de casarse y
reformar su vida en pos de una venganza sangrienta a la par que
electrizante (si habéis sido buenos y visto las películas, sabréis
a qué me refiero). Mientras tanto, en el mundo real el grupo Cannon
andaba necesitado de dinero y no había tercera novela sobre las
andanzas del justiciero que enardeció el sentimiento anticriminal en
las calles estadounidenses. En 1985 el tándem Winner-Bronson
responsable de ambas entregas anteriores se reunió para retomar el
proyecto, esta vez dándole la dirección que requería la era de la
acción de los 80, ya plenamente introducida con películas como la
propia
Death
Wish II

o
Rambo:
Acorralado
,
ambas de 1982.

La
nueva entrega de
Death
Wish

nos muestra a Kersey, que tras su ristra de delincuentes muertos en
Los Angeles vuelve a Nueva York para visitar a Charley (
Francis
Drake,
espero
que nada que ver con el pirata), un antiguo compañero de sus tiempos
de guerra en Corea. Charley, sin embargo, es asesinado poco antes de
llegar Kersey, que es arrestado y puesto entre rejas por el cínico y
cansado inspector Shriker
(Ed
Lauter),

y allí conoce al malvado Manny Fraker
(Gavan
O’Herlihy),

jefe de la banda que mantiene Brooklyn bajo un dominio de terror. A
su salida de prisión, Kersey se gana la amistad de Bennett
(Martin
Balsam),
vecino
y otro antiguo compañero de guerra de Charley, que presenta a Kersey
al resto de habitantes de la vecindad, oprimidos por la banda de
Fraker y el cuerpo de policía, corrupto e incompetente. La situación
no tarda en empeorar a pasos agigantados, con violaciones, robos y
asesinatos apilándose unos sobre otros; y Kersey vuelve a empuñar
la pistola para enfrentarse a la violencia callejera.

La
primera vez, siempre es difícil juzgar si
Death
Wish 3

es terrible o genial. Empezaré por lo malo: Charles Bronson, pese a
mantenerse en evidente forma y seguir siendo bastante amenazador,
tiene a veces el aspecto de necesitar urgentemente un hogar de
retiro. Esto se evidencia sobre todo en las escenas románticas con
la abogada Kathryn Davis
(Deborah
Raffin),

que aparenta la edad que debería tener entonces su hija, de no haber
muerto ésta horriblemente en la película anterior. Por otro lado el
diálogo es disparatadamente malo, tanto en versión original como en
la española; con momentos estelares como Bennett quejándose de que
los pandilleros rompen sus ventanas escasos minutos tras la muerte de
su viejo amigo. Una vez más, el escenario que nos presenta la
película es completamente surrealista, con la policía concentrada
en retirar armas a los ciudadanos inocentes mientras los pandilleros
se matan entre ellos sin motivo aparente. La desproporcionada
escalada de violencia y muertes ridículas como la de Kathryn (se
estrella contra contra un coche, acto seguido ambos vehículos
explotan en lo que casi parece un pequeño hongo nuclear) o la de
Maria (interpretada por
Marina
Sirtis,

y que tras ser violada muere de una fractura en un brazo – no mucho
después Bennett sobrevive sin mayor problema a una caída desde un
primer piso que le deja varias fracturas, misterios de la
osteoporosis), que no dejan de sucederse, hacen que la película deje
estupefacto a cualquiera que la ve por primera vez.

Pero
a la perplejidad y la transposición, siguen sucesivos visionados, y
entonces las bondades de la cinta salen a la luz. Primero de todo,
Michael
Winner

repite a la dirección, y en plena forma. Esto hace que la película,
por mucho que sea un trabajo de bajo presupuesto, tenga en general un
aspecto altamente profesional que sólo traicionan algunos muñecos,
muy evidentes en ciertas escenas. Los tiroteos, salvo por algún
momento inexplicable pero francamente divertido, están rodados con
un gran sentido del espectáculo, y la cuenta de cadáveres es muy
consistente gracias a la masacre que se desata en los últimos veinte
minutos de película. La verdadera guerra que estalla en ese supuesto
Brooklyn (por lo que se sabe, en realidad es la Londres natal de
Winner) está francamente bien rodada y tiene secuencias de acción
tan imaginativas como cabría esperar del director británico. Por
otro lado, el reparto no está mal. Fraker es un villano
surrealistamente malvado, pero sus muecas, su actitud y su estética
vagamente neonazi le hacen un antagonista más que funcional;
mientras que Lauter interpreta a un policía corrupto que se sale del
cliché con manerismos tan divertidos como su fobia agresiva a las
cucarachas, que parecen convertirse en una metáfora visual para la
corrupción policial. Además, es inmune a los cócteles molotov.
Asímismo, hay bastantes secundarios rodeando a Kersey que integran
su vecindad, y cuya diversidad racial y cultural ayuda a la película
a distanciarse un poco del tono casi racista de la segunda mientras
dan al menos un ligerísimo atisbo de credibilidad al escenario; y
algunos de ellos -como Rodríguez, el marido de María interpretado
por
Joseph
González
-
se hacen bastante queridos, tomando parte activa en los esfuerzos de
Kersey. La banda sonora, además, expande sobre el trabajo del gran
Jimmy
Page

en la película anterior con nuevos temas y arreglos compuestos e
interpretados por
Mike
Moran,

virtuoso de los sintetizadores. Parece ser que Winner tiene buenas
relaciones en la escena musical inglesa.

Pero
si nada de esto os convence, dejadme volver a la ultraviolencia. La
cantidad de muerte que sucede en esta película es verdaderamente
alucinante. Gente explota, es disparada, apuñalada, lanzada desde
grandes alturas. El clímax llega durante la media hora final. En un
momento dado, los ciudadanos -que hasta entonces aguantaban como
podían a los criminales- se alzan en armas y emboscan a unos
pandilleros, a los que acribillan, rematan y saquean mientras
disparan al aire para celebrarlo. Mientras tanto, ancianas y niños
bailan alrededor de los cadáveres ensangrentados; y no, no estamos
viendo
Mad
Max
.
Y durante toda esta hecatombe de locura, Kersey y Shriker caminan
tranquilamente por la ciudad, masacrando criminales en un mar de
fuego y plomo. Así hasta el enfrentamiento final entre Kersey y
Fraker, que no os voy a revelar pero se resuelve de una manera que
todos hemos soñado ver en una película de acción perfecta, pero
muy pocos directores se dignan a darnos. Winner y Bronson,
sacrificando cualquier consideración meritoria de sus carreras por
darnos cinco minutos de puro clímax ultraviolento, y
ultrasatisfactorio. Nunca os olvidaré.

Death
Wish 3

tiene su propia ración de curiosidades y anécdotas. Las leyendas
urbanas dicen que con cada emisión de la película en las cadenas
estadounidenses, las ventas de la pistola Magnum .457 Wildey que
Kersey emplea en la película se disparan. Marina Sirtis, que nos da
al personaje menos afortunado de la película, saltó a la fama
posteriormente en la ciencia-ficción como la guapa comandante Deanna
Troi en
Star
Trek: la Nueva Generación
.
Una de las pocas pandilleras que vemos, bastante llamativa, está
interpretada por
Barbie
Wilde;

que posteriormente interpretaría a la Mujer Cenobita en
Hellraiser
II
,
y que además grabó un par de singles como cantante y bailarina del
grupo de rock, SHOCK. Os recomiendo buscar vídeos de esto, si
queréis una sobredosis de ochenterismo completa. Además, tanto Miss
Wilde como Deborah Raffin formaron parte del reparto de
Grizzly
II: the Predator

junto a los mismísimos
George
Clooney

o
Laura
Dern.
De
esta película, jamás estrenada, os hablaré más en no mucho
tiempo. Finalmente, un servidor está seguro de que las fotos de
guerra en el apartamento de Charley nos muestran al propio Charles
Bronson, durante su servicio en la Segunda Guerra Mundial.

En
conclusión, puedo recomendar
Death
Wish 3

con total sinceridad. No iré tan lejos como para afirmar que sea una
sátira a conciencia de las películas de vigilantes, pero todo lo
que le falta en pretensión lo compensa con puro y genuino
entretenimiento. Es, por tanto, con gran tristeza en el corazón que
anuncio mi siguiente DBZ como la historia del declive de Kersey, con
Death
Wish 4: the Crackdown

y
Death
Wish V: the Face of Death

- título tristemente apropiado. Hasta entonces, ya sabéis qué
hacer.

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