Categoría: De la B a la Z | No hay comentarios | 25 septiembre, 2009
¡Saludos, lectores/fans/groupies!
Es la tercera semana en marcha de De la B a la Z, y con ella concluiremos nuestro periplo por Death Wish, la pentalogía que encasilló a Charles Bronson, actor por lo demás muy competente, en papeles de justiciero urbano. Esta última etapa de la saga es un definitivo ocaso a todos los niveles: la calidad de las películas descendió notablemente, la vida de Bronson se adentraba en sus compases finales y el propio grupo Cannon sucumbió a la bancarrota antes de que llegase a realizarse Death Wish V.
En la segunda mitad de los años ochenta, el grupo Cannon vio cómo sus aventuras más seriamente promocionadas fracasaban en taquilla y crítica, como fue el caso de Lifeforce (1985), Masters of the Universe (1987) o Superman IV (1987); o directamente no llegaban a realizarse, como fue el caso del Spider-Man que hubiera dirigido Joseph Zito (Invasion USA, Red Scorpion). En este clima surgieron varios de los peores títulos de la productora de Menahem Golan y Yoram Globus, y por desgracia Death Wish 4: the Crackdown no se alejó en exceso de la tendencia. La película, dirigida en 1987 por J. Lee Thompson (el mismo que dirigiera en 1961 Los Cañones de Navarone y en 1962 El Cabo del Miedo), que por entonces ya había colaborado varias veces con Bronson, nos mostraba al bueno de Paul Kersey de nuevo asentado en Los Angeles con una familia, esperando a la siguiente tragedia.
En esta ocasión, Kersey es el novio de la periodista Karen Sheldon (Kay Lenz), cuya hija Erica (Dana Barron) estudia arquitectura, acudiendo a Kersey como maestro. La felicidad se corta cuando Erica muere de una sobredosis de cocaína: Kersey no tarda en dar con el traficante que le vendió la dosis letal, pero esta vez recibe ayuda de un desconocido: Nathan White (John P. Ryan), un rico dueño de un periódico, que perdió a su hija en circunstancias similares. White pide ayuda a Kersey en eliminar a las dos bandas mafiosas que dominan Los Angeles, suministrándole para ello armamento e información. Esta vez con un poderoso aliado, Kersey se prepara para instigar un exterminio mútuo entre los mafiosos.
Death Wish 4 pierde con la ida de Michael Winner mucho de lo que hacía visibles a sus predecesoras. Las actuaciones son en general muy pobres, con un Bronson ya gastado que se limita a renquear de una escena a otra sin terminar de dar el espectáculo de otras ocasiones. El diálogo es terrible sin poder siquiera alcanzar el humor no intencionado de Death Wish 3, y las pocas ejecuciones imaginativas que tienen lugar están francamente mal hechas. Los tiroteos asimismo acusan una falta de la imaginación ultraviolenta de Winner. Y hablando de ultraviolencia, cambiamos el escenario surrealista y apocalíptico de las películas anteriores por un tema de guerra contra las drogas que, en general, reduce mucho la cuenta de cadáveres; con casi ningún civil inocente dando con la morgue. Como curiosidades, sólo cabe destacar la ya mencionada dirección de J. Lee Thompson, por entonces de clara capa caída; y sobre todo el papel secundario de Danny Trejo (Desperado, Abierto Hasta el Amanecer, Machete) como Art Sanella, al que parece que por entonces no le iba lo de dar machetazos a los malos y consecuentemente muere a manos de Kersey.
La cosa llegó a empeorar después de esto para la Cannon, y para finales de los ochenta Golan había tomado el liderazgo de la 21st Century Film Corporation (responsable también del drama psicodélico y esquizoide Eraserhead de David Lynch, y del remake de La Noche de los Muertos Vivientes dirigido por el gran Tom Savini), mientras que la Cannon avanzaba firmemente hacia la bancarrota. En 1994, veinte años después del comienzo de la saga y dirigida por Allan A. Goldstein, se estrenaba Death Wish V: the Face of Death; pese a que Bronson hubiese jurado que The Crackdown sería su última actuación como Kersey. Él, que no parecía aprender ni por las malas, volvía a tener familia una vez más, en Nueva York. ¿De qué horrible manera la perdería esta vez?
En esta ocasión la felicidad de Kersey se encarna en la modista Olivia Regent (Lesley-Anne Down) y la hija de ésta, Chelsea (Erica Lancaster). Por desgracia, el ex-marido mafioso de Olivia, Tommy O’Shea (Michael Parks) no parece muy contento con la independencia económica de su ex-esposa, y somete a su negocio (entre muchos otros) a una brutal extorsión con la ayuda de sus secuaces. Bronson usa sus contactos en el programa de protección de testigos para ayudar a Olivia a declarar contra O’Shea, pero gracias a la corrupción policial son descubiertos. Olivia es brutalmente desfigurada por uno de los subordinados de O’Shea (espero que el título de la película no se refiera a esto); y cuando persiste en testificar contra él es finalmente asesinada. Por si fuera poco, O’Shea consigue la custodia legal de Chelsea. Kersey, que prometió a Olivia cuidar de su hija, pone en marcha un plan para acabar con la mafia local.
Cabe decir en defensa de The Face of Death que no es realmente una película mala. Las actuaciones son en general competentes, con el guión ajustado a las limitaciones de Bronson por entonces y un reparto que se muestra en general eficiente, en especial el detestable O’Shea y su paranoico secuaz Freddie (Robert Joy). La película parece heredar el principio de acción de La Jungla de Cristal (1988), con una cuenta de cadáveres muy reducida pero apoyada en muertes muy espectaculares y la trama, acorde con el ritmo más ralentizado, se desarrolla de manera más similar a un thriller que a las orgías de disparos y explosiones de antaño. En esta ocasión Kersey prefiere en general recurrir a estratagemas que llevan a sus enemigos a muertes horrendas que van in crescendo, apilándose hacia el final escenas que probablemente llamen la atención de los aficionados al gore; con lo que la película cumple bien con el cupo de violencia. Sin embargo, la película parece menos concentrada en darnos diversión descarnada como la de la segunda o tercera entrega, y más en ser una secuela digna de la seria Death Wish original; con lo que se convierte en una cinta poco destacable si dejamos las siniestras ejecuciones de Kersey aparte. Como curiosidad sobre todo cabe destacar a Michael Parks, que aparte de dar la mejor actuación de la película se convertiría en un personaje recurrente del “universo” de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino: Earl McGraw, el ranger de Texas que hace acto de presencia en Abierto Hasta el Amanecer (1996), Kill Bill (2003) y Grindhouse (2007). Por otro lado, Death Wish V: the Face of Death no fue sólo el final de las aventuras para Paul Kersey, sino para el propio Charles Bronson como actor.
Nueve años después, aquejado de Alzheimer y viudo de Jill Ireland, murió Charles Bronson a la edad de 82 años. Se trataba del hombre al que John Carpenter descartó para el rol de Snake Plissken (1997: Rescate en Nueva York) por ser “demasiado viejo y duro”, y el mismo que dijo a David McCallum durante el rodaje de La Gran Evasión, “Me voy a casar con tu mujer”, cumpliendo su amenaza dos meses después. Y es que no puedo despedirme de vosotros sin hacer una justicia final al recuerdo de este actor: os he hablado de películas que contribuyeron a encasillarle en un subgénero fácil, de directores rápidos y pragmáticos, paga decente y poca ambición para un hombre que se acercaba al final de su vida. Pero Bronson nos dio también un buen número de películas memorables: Los Siete Magníficos (John Sturges, 1960), La Gran Evasión (Sturges, 1963), Doce del Patíbulo (Robert Aldrich, 1967), Hasta que Llegó su Hora (Sergio Leone, 1968), Chato el Apache (Michael Winner, 1971) o Caza Salvaje (Peter Hunt, 1981); en las que sobrevive sin problema al duelo interpretativo con gente de la estatura de Steve McQueen o Lee Marvin. Todas películas más que recomendables para entender qué es ese algo extremadamente carismático y divertido que hay tras ver a un señor de 64 años masacrando pandilleros por Nueva York, cual videojuego de máquina recreativa, en Death Wish 3: el Justiciero de la Noche (Winner, 1985); mi Casablanca personal.
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