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Dos genios en Febrero: Jerry Goldsmith y John Williams

Categoría: Blogs, El Auditorio | No hay comentarios | Escrito en por Rubén Franco

Febrero es un gran mes, vaya si lo es, y no es simple coincidencia que dos genios como John Williams y Jerry Goldsmith cumplan sus años o celebren sus aniversarios con dos días de diferencia, 8 y 10 de febrero respectivamente (lástima que Goldsmith ya no los sume en vida).

Respecto al segundo, mi idolatrado Goldsmith (para el que escribe el mejor compositor de la historia), nunca llegó a tener la fortuna ni la suerte que Williams aunó especialmente en el último tramo de su carrera, desde principios de los 90 en adelante, alternando toda clase de títulos con mejor o peor fortuna (nada que objetar a la calidad de sus bandas sonoras, por otro lado).

Taquillas tibias o bajas de productos llamados a arrasar en recaudación, como el semi fiasco de Chain Reaction (Reacción en Cadena) o de Medicine Man (Los Últimos Días del Edén, una de sus mejores obras en los últimos años, y una excelente película), películas con enormes problemas durante el rodaje o en post producción (como el re-montaje de The 13th Warrior, o su partitura rechazada en Timeline), películas modestas y brillantes como Rudy que impedían que uno de sus mejores trabajos como compositor llegara a la nominación de los Oscar, etc…

Por otro lado, al menos tuvo el acompañamiento de muchos de sus habituales amigos durante los 90 y el nuevo siglo, destacando los habituales directores cómplices, como Stuart Baird (Executive Decision, U.S. Marshals y Star Trek Nemesis), el holandés Paul Verhoeven (Hollow Man, Total Recall y Basic Instinct), Fred Schepisi (Six Degrees of Separation, Mr Baseball, The Russia House, I.Q. y Fierces Creatures) o Joe Dante (Small Soldiers, Matinee, Gremlins 2 y Looney Tunes: Back in Action), aunque pocas veces el éxito y reconocimiento merecido.

Por otro lado, es innegable eludir la realidad de que John Williams siempre ha tenido como padrinos a Steven Spielberg y George Lucas, y eso, señoras y señores, significan proyectos anuales interesantes, de primer nivel, muchos de ellos abocados a estar presentas en las galas de los principales galardones anuales (Oscar, Globos de Oro, Bafta…).

Raro es que Spielberg tenga batacazos, raro que cada 2-3 años no salga multipremiado (o multinominado) en los Oscar, películas como Munich, Saving Private Ryan o su nueva película War Horse; y raro es que todo lo relacionado con Star Wars no tenga éxito, siendo el compositor uno de los principales valedores de la saga (de hecho el único pilar que salva algo La Amenaza Fantasma del más justo oscurantismo).

Incluso Chris Columbus lo contrató siempre que pudo, y casi todas sus colaboraciones se cuentan por éxitos, como las dos primeras entregas de Home Alone (Solo en Casa, reportándole la primera parte una nominación a los Oscar) o la primera entrega de la saga de Harry Potter, donde Williams se despacharía a gusto con una de esas creaciones suyas llenas de magia y rebosante sinfonismo (sin olvidarnos de su Stepmom, un trabajo más alimenticio y menor).

Quizás la gran diferencia estribe en los finales de los 80, donde ambas carreras toman caminos paralelos y muy diferentes, o traducido de otra manera, donde Williams sigue en su cómoda autoestopista (nada que criticar) y Goldsmith se ve semiobligado a circular por donde le pille el trabajo, sin importar el tipo de proyecto (aunque sea serie B cutrilla como Warlock).

Pero no es solo el éxito (o los premios) lo que les diferencia a ambos; Goldsmith siempre tuvo mayores inquietudes musicales que su compañero de profesión, arriesgando más en sus composiciones, no solo tratando de adaptarse a los tiempos, sino intentando renovarse, intentando ofrecer nuevas sonoridades, nuevos recursos, y no solo lo logró, sino que estableció un punto y aparte en la composición, un estilo de referentes en el mundo de los compositores actuales (mil veces mal imitado en muchas ocasiones, y casi nunca superado).

Solo hay que observar tres de sus obras más arriesgadas (y por ende criticadas) en los 80; Runaway (thriller futurista dirigido por Michael Crichton), Criminal Law (thriller con Kevin Bacon y Gary Oldman de protagonistas) y su trabajo rechazado para Alien Nation (mil veces mejor que el aceptado). Pero fueron obras bisagra, trabajos donde Goldsmith arriesgó e innovó, fruto de lo cual tendríamos auténticas maravillas como Total Recall, Medicine Man o Small Soldiers. Pero su experimentación, siendo sinceros, ya venía de tiempo atrás, con obras como The Illustrated Man, Logan’s Run o Freud.

Williams, que si bien inyectó aire fresco en los 70, especialmente con Star Wars (contribuyendo al regreso del modelo grandilocuente en torno al sinfonismo orquestal, con grandes, espectaculares y retentivos motivos), de los 80 en adelante poco cambiaría su fórmula, arriesgando más bien poco, y siguiendo la senda marcada del camino, donde alguna vez se atisbaron algunas interesantes variaciones en el modelo, como las geniales A.I. o Munich, o las fases minimalistas de Minority Report.

Aún con todas esas diferencias, con todas las vicisitudes habidas y por haber, hay más parecidos que los acercan y los definen: ambos son genios, y últimos en su especie (Williams es, hoy por hoy, el último mohicano de la vieja guardia, donde gente como Lalo Schifrin, David Shire, Bill Conti o Laurence Rosenthal viven en un cuasi retiro).

Ambos son profesionales y se deben a su trabajo; te podrá gustar más o menos su estilo, o podrás poner en duda que algunos de sus trabajos te resulten un peñazo (o no) en escucha aislada, pero lo que es innegable es que ambos viven para el cine, y que todas sus obras funcionan magistralmente en la película, algo que hoy día no se puede decir de la mayor parte de los compositores actuales, donde te encuentras partituras dentro de las películas que no pegan ni con cola, aunque luego puedas disfrutarlo fuera (incluso te sacan de la película).

Ambos tienen su voz, su estilo, su personalidad (influencias clásicas al margen, que si Bartok para Goldsmith o Korngold para Williams); sabes cuando una obra SUENA al Maestro de la coleta, o cuando ese sinfonismo es completamente Williams, e incluso se utilizan para medir las obras de otros compositores, con expresiones como “esto suena a Goldsmith total”, o “ese tema es muy Williams”.

Y, finalmente, y es triste decirlo, ambos son IRREPETIBLES. Pasarán 100 años, y será bastante improbable que, dado el nuevo modelo de cine, puedan salir compositores que oscurezcan a Williams y Goldsmith (sin olvidarnos de gente como Rózsa, Herrmann, Steiner, Bernstein o Waxman, por citar unos cuantos).

Hay esperanzas (o bombonas de oxígeno) en compositores como Christopher Young (mi favorito en estos momentos), Mark Isham, Marco Beltrami (alumno de Goldsmith) o Michael Giacchino, pero ya no es como antes. ¿Será verdad que ya está todo inventado?. ¿Qué  no hay nada nuevo que ofrecer?.

Al margen de estas últimas reflexiones, quizás haya tantas diferencias como similitudes, pero, como decía al principio, que dos genios como Williams y Goldsmith cumplan años con tan poca diferencia quizás no sea fruto de la casualidad, sino del destino, y más cuando hablamos de dos genios.

Larga Vida a la Música de Cine, y larga vida a John Williams, el último mohicano.

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