Categoría: El Barco de Chanquete | No hay comentarios | 19 mayo, 2010

Las series para toda la familia están muy bien. La ficción “blanca” es un gran invento: maximiza la audiencia y une a la familia. A mí me gusta el tono blanco. Y además, yo, Adolfo Segura, de eso entiendo un rato.
Porque, a ver, en mis tiempos sí se hacían las cosas bien. Que yo aparecía por la farmacia de Lourditas (ay, mi Lourditas, qué mal lo está pasando estos días… pero luego llegaré a eso) con mis chicas de La Gata, y allí paz y después gloria. Y no por eso era aquello una serie para adultos. De eso nada. Allí estaba la familia entera, delante de la tele, y nosotros, oye, con cuidado de no ofender, eso sí. Pero sin miedo de escandalizar por determinadas cosas. Porque lo que es hoy, ya no se puede, ¿eh? Eso sí, lo que vende hoy como “familiar” es asegurarse de que cada serie tenga un chiquillo, a ser posible tonto, que ahora lo llaman “inocente”. Y con cada crío, una trama acorde, “de descubrimiento”, el zagal aprendiendo lo que es la vida para llegar a ser todo un Carlos Hipólito de provecho. Ay, si doña Paquita levantara la cabeza…
Me dirán ustedes, Adolfo, y todo esto, ¿a santo de qué? Pues miren, nada más y nada menos que al descubrimiento, por parte de su servidor, de que otro mundo es posible. Les explico. Resulta que el otro día me llevé a Guille y al Marmota al cine (cosas de la custodia compartida, que los fines de semana le toca a Guille entretener al Marmota, mientras que a diario se lo queda el Piña) a ver el Robin Hood ese, y como que no nos acabó. Pero unos días después, con el gusanillo del arquero, hurgando, hurgando, encontré una serie inglesa, del mismo Robin Hood, pero que se parece al del Gladiator como un huevo a una castaña. Me puse a ver un rato, y el caso es que a mí aquello me sonaba. Una serie para toda la familia, sobre un justiciero fuera de la ley que defiende a los desfavorecidos contra los nobles tiranos, que lleva a su fiel escudero como alivio cómico, que aprendió a usar ciertas armas en su viaje por tierras lejanas… que hablan, visten y peinan algo anacrónicamente…
Y me quedé pensando tres días… ¿a qué me recuerda? Total que, el otro día, viendo la tele tranquilamente con Lourdes (que dormitaba tranquilamente sobre mi hombro), me vino. Así, de golpe. Tan de golpe que grité con toda la fuerza de mis pulmones (que, para tener la edad que uno tiene, no estoy mal). ¡Coño, el Águila Roja!
Pero oigan, entonces es cuando me di cuenta. Si es que ni calcar sabemos. Problema número uno: los ingleses te pueden hacer un Robin que habla como si hubiera nacido hace 20 años, pero siempre mantienen mil veces más elegancia que un espadachín Ninja español y sus colegas comentando “nos van a dar la del pulpo”. Para hacer algo anacrónico hay que tener estilo. Y, si no, que se lo digan a Baz Luhrmann.
Y problema número dos: pues lo que venía yo diciendo. El tono inocente y blanco. Robin Hood, en la serie de marras de la BBC, no mata nunca. Las peleas son limpias, sin heridos, como si fueran críos jugando. Los principios morales siempre van por delante. Y no-hace-falta meter a un crío para convertir a la serie en algo para toda la familia. Hombre, que Quique veía El Equipo A con seis años, y nunca se traumatizó.
Empezamos a confundir “para todos los públicos” con un excesivo puritanismo, me dije. Tanto, que muchas de las series y películas que eran “toleradas” hace veinte años, hoy serían poco recomendadas para los chavales. Y nos escandalizamos cuando hacen que el monstruo Triki cambie las galletas por comida más sana en EE.UU… pues que nos den tiempo, que vamos por el mismo camino.
Lourditas bien, gracias. Del grito que di, se despertó de un bote, cayó del sillón y se dio un golpe en la cabeza, además de la crisis nerviosa… se conoce que tenía algún trauma previo con la serie del Ninja… dos días repitiendo sin parar “dijo el galán, dijo el galán…”, y cuando ha vuelto en sí, bueno, ha tomado una decisión firme. Que se me ha ido al Tíbet unos meses, para desintoxicarse, dice, de tanta m… morralla televisiva. Me temo que, mientras vuelve, tendrán que aguantar a un servidor en esta sección. Yo, por lo pronto, me voy a tomar un güisquito a La Gata. A sus pies.