Categoría: El Barco de Chanquete | No hay comentarios | 3 marzo, 2010

Cuando a uno le invitan a comer en casa ajena, tiene que ser educado y tragar lo que venga. Es de bien nacidos el ser agradecido. Pero cuando uno está en su propia casa, solo, bien se puede obligar a comer algo determinado o bien puede comer lo que le dé la real gana. Todas estas opciones son correctas y cada uno es muy libre de gestionar su alimentación como le venga en gana. Pero estaremos de acuerdo en que si, de repente, alguien viniera y nos metiera una lechuga en la boca de buenas a primeras, nos cabrearíamos con toda la razón del mundo.
Bien, si esto es negativo con la comida también lo es con ámbitos de todo tipo. Cercando el objeto de estudio: ¿Por qué me tengo que tragar tu mierda de música/ruido de fondo y me sé tus canciones de memoria si jamás me compré, descargué, escuché o presté atención en radio, tele, etc. a ninguna de tus pildoritas? Y cercando más aún: ¿Por qué narices me tienen que meter a mí los actores por los ojos cuando a ellos les de la real gana? Vamos digo yo, que ya me gustará a mí lo que me tenga que gustar, en esto y en todo, y lo que no, pues ya le gustará a otro. Si a mí no me dice nada un actor, no significa que me vaya a gustar porque ahora resulte que es “cool”. Y que me guste un actor, no significa que me afecte, quiero pensar, el ajetreado devenir de las modas.
Un ejemplo claro: ahora “Malamadre” parte la pana. Claro que sí. Ahora, al público, que es un poco cachondo, se le hace el culillo Pepsi-cola cuando ven a Luis Tosar. Vamos a ver, señores, Luis Tosar lleva siendo Luis Tosar toda su vida, aunque parezca una perogrullada.
Luis Tosar es infinitos cortos, Los lunes al sol, es un tío (puede que el único) que consigue que empatices tantísimo con un maltratador cabrón (en Te doy mis ojos) que te das miedo a ti mismo. Luis Tosar es la patada que da al coche en esa película, para descargar la furia, luchando por no pegar a su mujer. Luis Tosar tiene unas interpretaciones tan complejas de matices y bien acabadas que debería tener tres calles a su nombre en Galicia y el resto del mundo. ¿Qué pasa? Pues que ahora parece que ha nacido una estrella cuando Malamadre es una pequeña puntita de un enorme iceberg gallego.
Y luego nominamos a la tremenda señora Ana Wagener a actriz revelación en los Goya, por no mentar a Soledad Villamil. Qué, ¿somos unos capullos? Sí. Entonces vale.
Así tenemos cien ejemplos. Pero pese a lo que pudiera parecer, hay gente a la que todavía no nos han obligado a comernos: Eduard Fernández, sin ir más lejos. Dos goyas. Entre cine con pelis como El método o Tres días con la familia y teatro, ha hecho una brillante carrera y, si bien es conocido, poca gente te asegura que sea su actor preferido. ¿Por? Siempre está, pero si no nos señalan las cosas con neones no las vemos.
Bien, pues es uno de los míos. Me parece apabullante. Y menuda sorpresa cuando veo que va a ser prota de una nueva serie de televisión: Entre todas las mujeres se llama la serie que, para mí, será una bendición en este purgatorio televisivo español. Parece que vamos a tener actores enormes cabeza de series de televisión, puede que volviendo al modelo más clásico y americano. ¡Y encima dicen que la serie se ha concebido con tono HBO! ¡Dime que no quieres saltar de la emoción! La serie está dirigida por Mariano Barroso y será emitida por el canal TNT. Ya decía yo que el perfil de la serie no se adecúa mucho a Telecinco, por desgracia. Solamente un canal que tenga poco que perder hoy en día se puede arriesgar de esta manera. Esperemos que de alguna forma humana podamos seguirla. Se trata de un veterinario definido por todas las mujeres de su vida y según la nota de prensa recoge las claves cinematográficas: “Guión e intérpretes”.
Bien, es un sinsentido que las claves cinematográficas sean guión e intérpretes. ¿Cuáles son entonces las claves de la ficción televisiva? ¿Actores pésimos improvisando?. Por lo que se ve fuera de España y algunos diminutos ejemplos aquí nos dan la pista de que no es así.
Hemos visto que existe mucho cine que se acerca a “tele de la buena” y mucha tele que se acerca a “cine del bueno”. El cine siempre va a ser una cosa y la tele va a ser otra, ninguna mejor que la otra si se hace con trabajo y talento (especialmente trabajo, estudio, trabajo y más estudio). Son completamente distintas, pero deberían tener una espina dorsal común. Un código ético, gracias. Deontológico si me apuras. “Me comprometo a no parir mierda conscientemente y a trabajar mucho, apoyándome y apoyando a mis compañeros de profesión, sabiendo que tengo una responsabilidad moral, civil y encima, tengo la suerte de que me paguen”. Ya lo dijo Álex de la Iglesia en los Goya, un poco más adornadito, claro. Otras profesiones lo tienen, pero parece que en el cine y en la tele, se puede llegar a ser muy ruin de una manera impune. Vale que no matas gente, pero neuronas caen a puñados. Y el sonido ya es ensordecedor.
Si hay una serie, que esperemos no defraude las altas expectativas, que intenta abrir camino a proyectos más personales como es esta Entre todas las mujeres, no todo está perdido. Que no tenemos que luchar contra Perdidos, House o A dos metros bajo tierra, tenemos que hacer algo a la altura. Y si no tenemos tanta cultura audiovisual como los americanos o europeos, nos ponemos y aprendemos. Que algún productor deje la pasta en algún proyecto menos conservador, que me apuesto a que el público (que, aunque cachondo, repetimos, no es tonto) está deseando devorarlo.
“es que las amas de casa…” Señores, las amas de casa ahora mismo, son lo más. No son las de hace 50 años. Han mamado tele y cine. Las madres de tus amigos, ahora se enamoran de House, Galáctica, ven Smallville, y una barbaridad ingente de señoras de pro no vive sin Perdidos. Otro tanto los señores con corbata. Eso nadie, a priori parece estar anotándolo. Parece una broma, pero es lo que hay. Vale, también ven basuras, pero se está creando el hábito de ver ficción de género y buena o muy buena. En diez años irá a más.
De verdad, empecemos a comernos ya a gente como Eduard Fernández, intercambiables entre cine y tele, que la tele deje de ser peyorativa, cara de producir e insulsa. Me alegra pensar que estamos en el camino.
Y todo, por no comernos lo que nos dicen cuando nos dicen, sino lo que nos da la gana y cuando nos da la gana. Coman bien y un poco de todo lo bueno. Nada de dietas de la alcachofa ni en la tele ni en la vida, después resultas frustrado y con cara de acelga.
