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De Marvel al universo: paso por paso hacia Los Vengadores

Categoría: Artículos | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

El estreno de Iron Man, de Jon Favreau, fue recibido con un entusiasmo que muy pocos esperábamos. A la sombra de la gran obra superheroica de los últimos tiempos pergeñada por Christopher Nolan, que sin haberse estrenado ya apuntaba lo que luego ofrecería, no parecía que el director de Elf o Zathura pudiera entregar un producto mucho mejor que Los Cuatro Fantásticos o Daredevil; películas de segunda para personajes de segunda, al menos en el imaginario popular.

Y, sin embargo, la obra de Favreau, sólida, rebosante de carisma y representando lo luminosamente opuesto a El caballero oscuro, se ganó un hueco en el corazón de crítica y público. Pero, en sus últimos segundos, tras los créditos finales, hizo algo más: firmó el certificado de defunción de la segunda gran etapa de los filmes Marvel.

Los primeros pasos

La editorial que se autodenominaría Casa de las Ideas dio sus primeros pasos en el celuloide en una etapa llena de producciones de baja calidad, sin títulos de especial relevancia cinematográfica, pero no exenta de cierto encanto. Las dos adaptaciones del Capitán América, los telefilmes de Spider-man y el célebre Fantastic Four producido por Roger Corman fueron lo más destacado de la factoría Marvel durante esos años, en los que también se producirían pilotos, series, largometrajes y telefilmes de personajes como Doctor Extraño, Punisher (con, nada menos, Dolph Lundgren) o los componentes de Generación X (imborrable, y no para bien, ver a Banshee y Emma Frost en imagen real).

El producto de más relevancia de esta época, no obstante, sería El increíble Hulk. Con una serie de televisión que bebía del modelo “Autopista hacia el cielo”, las peripecias de David Banner calaron en el público generalista como ningún otro producto superheroico lo ha hecho más allá del Superman de Donner. Y, por si fuera poco, en dos de sus telefilmes coqueteó con el concepto de Universo Marvel, introduciendo a personajes como Daredevil, Thor o Kingpin (¡John Rhys-Davies!), en un presagio de lo que habría de llegar décadas después.

Esta etapa llegaría a su fin en 1998, momento en el que su canto del cisne coincide con la primera obra de la siguiente era. Hablamos de Nick Furia: Agente de SHIELD y Blade. La primera, un telefilm-miniserie con David Hasslehoff como el mismísimo hombre del parche. La segunda, una película dirigida por Stephen Norrington que mostraba que se podía hacer dinero a la par que una película de calidad aceptable con un personaje Marvel.

Cazavampiros y mutantes

Así, el cazador de vampiros surgido en las páginas de Tomb of Dracula en la época de la blaxploitation se convirtió de pronto en un personaje conocido por el público adolescente, que en muchos casos había acudido a ver la película sin saber que su origen estaba en un tebeo.

Blade, sin ser ninguna maravilla, se dejaba ver bastante bien a la vez que mantenía un digno tono de serie B, pero lo más importante que supuso esta película fue un pensamiento resonando en las cabezas de los aficionados a los cómics de la editorial: “Por fin, esto puede hacerse”. El experimento había funcionado, y tocaba dar el siguiente paso lógico. Había llegado la hora de los mutantes.

Bryan Singer se encargó de seguir la estela de Blade con un producto que suponía una responsabilidad muchísimo mayor para Marvel. Los X-Men eran los abanderados de la casa, y un paso en falso podía suponer el hundimiento de todo lo que ahora trataban de construir. Pero no hubo paso en falso, y Singer caminó con pulso firme, sentando las bases de estética, casting y tono de la saga mutante no sólo en cine, sino también en los propios cómics de donde partía. Y, si no, que se lo digan a Grant Morrison o Joss Whedon, responsables de las etapas más brillantes de la franquicia mutante sobre papel desde la primera entrega fílmica de X-Men.

El resto, como suele decirse, es historia. Sam Raimi aportó el color y las mallas en otra brillante trilogía, Spider-man, cuya infravalorada tercera entrega será mejor recordada con el tiempo. Mark Steven Johnson entregó al estudio un Daredevil decente, si bien con flagrantes problemas de casting, pero el estudio cogió la tijera y nos entregó a nosotros una versión mediocre y mutilada. Los 4 Fantásticos, por el contrario, ni empeoraron ni mejoraron un ápice cuando pudimos ver su versión extendida, y no pasaron de ser un divertimento sin pretensiones y tirando a flojo, que acabó de hundirse en su segunda entrega. La “serie B” iniciada por Blade conoció desiguales (pero nunca muy afortunadas) adaptaciones de Elektra, Ghost Rider o Man-Thing. Y Ang Lee dibujó una preciosa obra autoral con un muy incomprendido (y muy poco Marvel) The Hulk.

Y llegó Tony Stark.

Encuentros en la tercera fase

Pero hablábamos de los créditos finales de Iron Man. Vale. Cuando terminaron esos créditos, los pocos que nos habíamos quedado en la sala (tras los desmentidos de director y productores y la copia “trucada” que se pasó para prensa, sin los segundos finales) vimos el secreto mejor guardado de la película. Su as en la manga. Habíamos disfrutado como críos con Robert Downey Jr., pero nos faltaba por ver a Samuel L. Jackson, abrigo de cuero y parche en el ojo, ofrecer a Tony I am Iron Man Stark un puesto en la “Iniciativa Vengadores”. Y esa escena post-créditos suponía mucho más que el habitual guiño al espectador: era toda una declaración de intenciones. Había nacido en cine el Universo Marvel.

El muy digno El increíble Hulk de Louis Leterrier (digno, sobre todo, en comparación con la última película del director) confirmó, con sus referencias al suero del supersoldado (responsable de la creación, cincuenta años antes, del Capitán América) y el cameo de Tony Stark, que aquello no había sido un espejismo. Y la nueva entrega del Hombre de Hierro ahonda en esa mitología común que se propone crear, con una buena cantidad de referencias que, de nuevo más que guiños, se antojan pequeñas puntadas que cohesionarán todos los títulos de esta nueva etapa en un tapiz único y coherente.

Falta por ver si el borrón y cuenta nueva de Spider-man, Daredevil y 4 Fantásticos cobra sentido en función de este reciente golpe de timón (especialmente en el caso del hombre araña, cuyas anteriores entregas fueron suficientemente relevantes, recientes y dignas como para que el anuncio del “reseteo” nos sorprendiera a todos).

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Queda en el aire el tema de los derechos de personajes que no están en poder de Marvel Studios, sino de las propias productoras, y que corresponden (¿casualmente?) a estos tres títulos que van a ser relanzados más la franquicia mutante. Y tenemos, también, el reciente anuncio de las producciones de bajo presupuesto con personajes secundarios, lo que permitiría, quizá, obtener mejores resultados que los mencionados Elektra o Ghost Rider. Pero lo que sí parece claro es que el Universo Marvel está en el cine para quedarse.

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