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El test Voight-Kampff: X-Men como metáfora homosexual

Categoría: Artículos | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

altEn nuestro segundo Voight-Kampff abordamos el universo
Marvel cinematográfico, concretamente una saga que actualmente forma uno de sus
pilares más sólidos: la saga X-Men,
iniciada por Bryan Singer y cerrada,
hasta el momento, por Brett Ratner.
No tendremos en cuenta Lobezno, por
considerar que se aleja en tono, estilo e intenciones (por no hablar del
resultado final) del cuerpo de la saga principal.

Como anunciamos la pasada semana, este artículo pretende
poner de manifiesto el subtexto homosexual de la saga mutante, algo fundamental
para entender el alcance y la intención de estas cintas.

No es ningún secreto que el nacimiento de la Patrulla-X sobre el
papel, allá por el año 1963, se identificó claramente con las reivindicaciones
raciales. Corrían los años más importantes para alcanzar la igualdad de
derechos entre negros y blancos en EE.UU., y la aparición de unos superhéroes
“temidos y odiados” por la sociedad por el mero hecho de ser diferentes tenía
una obvia connotación. Y no sólo eso: las dos posturas enfrentadas de los
mutantes respecto a la sociedad, la convivencia pacífica que propone el
profesor Xavier o el enfrentamiento directo que propugna Magneto, son reflejos
de las posturas de Martin Luther King
y Malcolm-X.

Pero parece obvio que lo que estaba vigente en los años 60
ya no lo estaba tanto a finales de siglo. Quizá aún queda un largo camino para
la igualdad racial, pero la lucha de aquellos años quedó, por fortuna,
superada. Sin embargo, otras batallas toman su lugar.

Así, cuando Lauren
Shuler-Donner
y la Fox
decidieron llevar adelante, por fin, la tan esperada adaptación cinematográfica
de los mutantes y contactaron para ello con Bryan Singer, éste, desconocedor de
la historia de los hombres-X, leyó el guión y, según él, aceptó por un motivo:
como homosexual, se sintió identificado.

Pero dejemos la historia a un lado, y centrémonos en el
análisis de las películas. ¿Es tan claro e indiscutible el trasfondo gay de X-Men?

Pues parece que sí.

Ya en la primera película, líneas de diálogo como la que
pronuncia Robert Kelly ante el Senado, “¿vamos a permitir que haya mutantes que
den clase a nuestros hijos en la escuela?”, reflejan el debate que desembocó en
la aprobación de la “Sección 28” en la legislación de Reino Unido, prohibiendo
en la enseñanza la “promoción de la homosexualidad como una opción aceptable en
las relaciones familiares”. Es interesante mencionar que Sir Ian McKellen, el Magneto de Singer, luchó activamente contra
esta legislación. McKellen también ha repetido en varias ocasiones que se
sintió atraído por el guión por este motivo.

Existen otros ejemplos en el primer X-Men, como el momento en que Mística arrincona al senador Kelly y
le escupe que “la gente como usted tiene la culpa de que temiera ir al colegio
de niña”. Sin embargo, es a partir de la segunda entrega donde las cosas quedan
más que evidentes.

Quizá el ejemplo más esclarecedor es el momento de X-Men 2 en el que Bobby Drake, el Hombre
de Hielo, admite ante su familia que es un mutante. Quizá haya quien no
identifique esta secuencia con una “salida del armario”, pero es indudable que
muchos homosexuales habrán recibido una respuesta parecida a la que los padres
de Bobby le dan: “¿has intentado no ser mutante?”, junto con el rechazo
absoluto de su hermano pequeño, incapaz de asimilar la noticia. El mensaje es
claro: no, no se puede elegir algo con lo que se nace, que se lleva en los
genes y que es inherente a la persona. No se puede “intentar no ser” lo que no
se es. Y eso convierte a la mutación en algo similar a ser zurdo o diestro,
rubio o moreno, alto o bajo: características que acompañan al individuo, pero
que no lo definen.

Con la salida de Singer de la franquicia, mucha gente ha
acusado a su sucesor, Brett Ratner, de haber eliminado la profundidad de la
serie, simplificando el mensaje. Puede que sea así, pero si de algo puede
presumir Ratner es de ser capaz de mimetizar como pocos el estilo de otro
director, como ya demostrara en El dragón
rojo
. En X-Men 3: La decisión final Ratner
lo volvió a hacer, y asimiló todas las marcas de fábrica de Singer, incluído el
subtexto gay. Y, de paso, nos brindó una de las metáforas más hermosas y
desgarradoras de la saga:

En el arranque de la película, el pequeño Warren Worthington
(algún día hablaremos de las iniciales dobles en los superhéroes), un niño que
apenas alcanza ahora la pubertad, está encerrado en el baño, haciendo algo a
escondidas. Su padre intenta entrar y, al encontrar la puerta cerrada, comienza
a golpearla y a llamar a su hijo. Cuando por fin consigue entrar, descubrimos
con él lo que Warren estaba haciendo: tiene en la mano un cuchillo, hay plumas
blancas esparcidas por el suelo y otras que aún quedan pegadas a dos heridas
gemelas en su espalda: la mutación de Warren se ha manifestado y él, ante el
temor de que su padre lo descubra, ha intentado borrar todo rastro de ella: el
Ángel se ha cortado las alas.

De nuevo hay que analizar los elementos por separado: por un
lado, el niño se ha escondido en el baño para hacer algo prohibido. Por otro,
la mutación propiamente dicha, como ya marcara Stan Lee en los primeros números del cómic, es algo que se
manifiesta al alcanzar la pubertad, al igual que el desarrollo de la
sexualidad. Y, por último, la imagen del joven que, ante el miedo de que su
padre se entere de lo que es, se corta las alas a sí mismo. La suma de
elementos arroja un resultado inequívoco.

De este modo se puede apreciar la trama del filme bajo una
nueva luz: el desarrollo de una supuesta “cura” para los mutantes se convierte
en algo doblemente terrible cuando se analiza de qué nos está hablando en
realidad la película. Por esto, entre otras cosas, los X-Men siguen gozando de
buena salud tanto en las viñetas como en otros medios, a pesar de seguir
rodeados por un mundo que los teme y los odia.

La próxima semana, cogemos nuestro maletín Voight-Kampff e
iniciamos un viaje cronológico por la factoría Pixar. Eso sí, empezamos por Bichos, porque nos guardamos al vaquero
Woody para el final… ¡y es que se acerca Toy
Story 3
!

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