CineMaverick

www.detodoexpress.com

El test Voigt-Kampff: Los Increíbles, un caso de identidad

Categoría: Artículos | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

alt

A estas alturas, hablar de Los Increíbles puede resultar una repetición de opiniones mil veces oídas. O, peor, una sarta de referencias a personajes, situaciones, series e incluso números y viñetas concretas de la historia del cómic (por no hablar de películas, desde El retorno del Jedi hasta varios “Bond”). Pero todos esos posibles comentarios no harían sino pasar por alto la verdadera naturaleza del filme, igual que, como ya vimos, hablar de la Saga Fénix no es describir el verdadero tema de X-Men 2. Así pues, ¿de qué nos habla la primera incursión de Pixar en el terreno de los superhéroes?

Pues no hay que irse muy lejos en el metraje para verlo. En realidad, el director y guionista Brad Bird lo pone de relieve en los primeros segundos de la película, mientras vemos declaraciones de los protagonistas para un supuesto documental sobre el superheroísmo y hablan de la necesidad de una identidad secreta. Ahí se nos da la clave para leer lo que vendrá en las próximas dos horas: la identidad.

Porque, cuando los superhéroes son prohibidos por ley y Bob Parr tiene que dejar de ser Mr. Increíble es cuando empieza el conflicto. No es Síndrome el verdadero enemigo de Parr, sino él mismo. O, más concretamente, la imposibilidad de ser él mismo. La necesidad de fingir que es de otra manera, la obligación de llevar una máscara en público peor que cualquier antifaz. Parr lleva una vida gris en el trabajo, y sólo en forma de pequeñas buenas obras hacia sus clientes se permite dar salida a cierto heroísmo cotidiano. Y lo mismo sufren otros miembros de su familia. Violeta, incapaz de hablar con los chicos, aboga por pasar desapercibida igual que su madre, pero el pequeño Dash es del molde paterno y no puede contenerse, lo que le lleva al despacho del director aunque nadie pueda probar su culpabilidad en sus travesuras.

alt

Aquí la película se hace eco del ejemplo del Superman de Richard Donner, y cuando Dash recrimina a sus padres que no le dejan competir en ningún deporte, nos parece oír a Clark diciéndole a Jonathan Kent que cada vez que tiene el balón, sabe que puede marcar gol, y sin embargo apenas es el recogepelotas del equipo.

Lo que en Dash se manifiesta como rebeldía preadolescente, en Bob toma la forma de la crisis de los cuarenta: un hombre que se mira al espejo y no se reconoce a sí mismo, que ha dejado atrás lo que, ante sus ojos, le hacía ser quien era. De nuevo, una pérdida de identidad. Y reacciona en consecuencia, buscando emociones, persiguiendo “una aventura”. La película no trata de ocultar en ningún momento que la sombra de la infidelidad planea sobre el matrimonio Parr. Pero Helen Parr, como su hija Violeta, opta por renunciar a ser quien es, y quiere que su marido haga lo mismo.

De nuevo encontramos aquí ecos de Superman, y de la acertada reflexión que sobre él hiciera Quentin Tarantino a través de la boca de Bill en Kill Bill 2: Superman no es Clark Kent. Clark es sólo una máscara, igual que el anodino Bob Parr y la modélica ama de casa Helen Parr son disfraces de sus dinámicos y verdaderos “yo”, camuflados para parecerse a cualquier otra familia en “una sociedad que celebra la mediocridad”, como amargamente recalca Bob.

alt

Pero Pixar no es la sociedad, y siempre se ha caracterizado por celebrar la diferencia, y Los Increíbles no es una excepción. Distintos personajes reflexionan en voz alta sobre el hecho de que considerar que todo el mundo es especial, “es otra forma de decir que nadie lo es”. O, dicho de otra manera, “cuando todo el mundo sea súper, nadie lo será”. Y, sin embargo, al final se demuestra que, sea cierto o no, eso no importa: lo único verdaderamente relevante es ser fiel a uno mismo, no ocultar la diferencia, y no pretender ser lo que no se es. Y funciona en ambos sentidos: igual de inútil es fingir que no se tienen superpoderes, que pretender que se tienen cuando no es así. Eso es lo que le ocurre al villano, Síndrome, cuyo mayor pecado es querer desde niño ser otra persona. Querer ser Bob Parr.

Del mismo modo que Bob no quiere a otra mujer. Nunca se plantea, por más que Helen lo sospeche, tener una aventura con Mrs. Hogenson. Quiere a Helen, pero no a una Helen que haya renunciado a su verdadero ser. Necesita a Elastigirl, y ella lo va a descubrir y a asimilar. Por eso es ella (el personaje que aprende la lección, que evoluciona y que, por tanto, lleva el peso temático de la película) quien cristaliza esa idea en una frase, cuando entrega sendos antifaces a sus hijos: “Vuestra identidad es lo más valioso que tenéis”. Ciertamente, en una industria de películas “de serie”, Pixar puede estar orgullosa de haberse mantenido fiel a esa máxima.

alt

VN:F [1.9.17_1161]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)

www.detodoexpress.com

Comentarios