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Vampiros de Cine

Categoría: Artículos | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre


El mito de los vampiros ha acompañado a la humanidad desde sus albores. Desde que el hombre es hombre y la noche caía sobre él sumiéndole en la oscuridad, las criaturas nocturnas han poblado de pesadillas su sueño. Criaturas sanguinarias que se cernían sobre ellos extrayéndoles la vitalidad y absorbiendo su fuerza y esencia vital, porque, no nos engañemos, la sangre es el elixir vital al que multitud de culturas han atribuido poderes especiales, no en vano en muchas se considera que precisamente la sangre es el nexo de unión entre el mundo de los vivos y de los muertos, o tal vez de los no muertos.

Las leyendas se suceden una tras otra generando una imagen cada vez más vívida de estas criaturas feroces y sanguinarias. De la leyenda pasamos al mito, y en ese puesto de honor continúan habitando nuestros sueños o pesadillas.

El mito clásico los define como entidades nocturnas con la capacidad de adoptar tanto una forma humana como animal – generalmente de murciélago, aunque el lobo siempre ha estado llamando a sus puertas – que huyen de la luz del sol pues ésta tiene la capacidad de destruirlos, cosa por otra parte realmente difícil, lo que les confiere prácticamente la capacidad de la inmortalidad. Pese a todo no son absolutamente invulnerables y siempre es posible acabar con ellos clavándoles una estaca, para posteriormente cortarles la cabeza y quemar sus cuerpos.

De una visión inicial de los vampiros como poco más que bestias salvajes se ha ido pasando a otra en cierta forma cautivadora, al habérseles ido atribuyendo cualidades diferenciadoras de las meramente animales. La literatura, el cine y la televisión les han revestido de un halo de irresistible atracción, convirtiéndoles en seres a los que temer entre otras cosas por el influjo casi hipnótico que producen en sus víctimas, que sucumben ante ellos sin apenas poder oponer resistencia.

Una vez dada una somera introducción al mito del vampiro vamos a centrarnos en su paso por el cine, en el que estos personajes han creado un género propio.

Con la aparición del cine surgieron las primeras películas sobre vampiros, y precisamente en la época del cine mudo podemos encontrar una de las mayores obras maestras sobre el tema, me estoy refiriendo cómo no a Nosferatu, realizada en 1922 por F. W. Murnau. En cierta forma podemos considerarla como una libre adaptación del libro de Bram Stoker Drácula, y digo libre porque Murnau no consiguió hacerse  con los derechos de la novela, con lo cual se vio obligado a realizar ciertas modificaciones, pese a todo lo cual la similitud de la historia de Nosferatu con la novela de Stoker es prácticamente total. Curiosidades a parte, debo decir que Nosferatu es una de las grandes obras maestras del cine expresionista alemán y que el paso del tiempo la ha consagrado como lo que realmente es, una autentica obra de arte, en la que se dio vida al mito del vampiro en su más puro sentido.

La imagen de Max Schreck, el Conde Orlok en Nosferatu es de las más terroríficas que se han producido para el cine, y consiguió aunar las características de metamorfosis–simbiosis del vampiro con su animal de referencia: el murciélago.  Ese cuerpo enjuto, que se mueve de forma sigilosa, apareciendo donde no nos imaginamos que pueda encontrarse, esa sombra que surge tras nosotros sin habernos percatado de su presencia. Pero ante todo su mirada, esos ojos que todo lo ven o todo lo adivinan y que en tan sólo una fracción de segundo nos atraen hacia la perdición que se esconde tras sus manos de largos y afilados dedos, que parecen van a arrancarnos el alma con sólo rozarnos, y hacia su mortal boca, succionadora de energía y vida.


En 1979 Werner Herzog realizó una adaptación de Nosferatu titulada Nosferatu: Fantasma de la Noche, Nosferatu, el Vampiro. Pese a tratarse de una obra de bajo presupuesto Herzog cosechó un considerable éxito tanto de crítica como de público, posiblemente gracias tanto al homenaje que suponía hacia el film de Murnau como a la acertada elección del actor protagonista, Klaus Kinski.

Terminando con los homenajes a Nosferatu remarcar que en el 2000, Elias Merhige rodó con Willem Dafoe y John Malkovich La Sombra del Vampiro, que recreaba la filmación del Nosferatu original de Murnau. La peculiaridad de esta película estribaba en que el personaje del vampiro era interpretado por un vampiro real (encarnado por Dafoe, que tuvo que someterse a largas sesiones de maquillaje para la interpretación de su personaje).

La primera versión cinematográfica del mito de Drácula se realizó en 1931 con Bela Lugosi como protagonista. Universal se hizo con los derechos de la novela de Stoker y la idea original era ser fiel a ella, aunque finalmente el punto de referencia para el guión fue la versión teatral de Hamilton Deane y John L. Balderstone. En cualquier caso esta versión de Drácula ha quedado igualmente en la mente de todos como un clásico al que acudir cuando se rastrean los orígenes cinematográficos del mito. Con esta película Lugosi quedó encumbrado y se convirtió en la encarnación por antonomasia para todos los Dráculas posteriores que han visto la luz en el cine. Especialmente porque el suyo era un personaje cargado de elegancia, de magnetismo y atracción casi hipnótica. Pero lo que en principio fue un triunfo y un éxito para Lugosi, terminó convirtiéndose en una pesadilla, ya que el personaje se adueñó de la persona. Quedó totalmente encasillado, pues para todos hablar de Lugosi era hablar de Drácula, lo cual en último término, llegó a afectarle incluso psicológicamente. De hecho, cuando en 1956 falleció, fue incinerado llevando su disfraz de Drácula, tal como había indicado en su testamento.

A finales de los años cincuenta la productora británica Hammer, que ya había comenzado a producir toda una serie de películas de terror, retomó de nuevo al personaje de Drácula, con Dracula (1958), dirigida por Terence Fisher, siendo en esta ocasión Christopher Lee el encargado de dar vida al mortífero personaje. Lee mantenía el aspecto elegante que había instaurado previamente Lugosi, si bien es cierto que se incrementó su sensualidad. A esta película siguieron otras centradas en el personaje, pero la verdadera secuela fue Dracula, Príncipe de las Tinieblas (1966), de nuevo con Christopher Lee, que volvería a repetir en las que le siguieron: Dracula vuelve de la Tumba (1968), El Poder de la Sangre de Dracula (1969), Las Cicatrices de Dracula (1970), Dracula 73 (1972), y Los Ritos Satánicos de Dracula (1974).

Siguiendo en el tiempo y aprovechando el éxito del cine de vampiros instaurado por la Hammer, llegamos al director polaco Roman Polanski y El Baile de los Malditos (1967). Comedia atípica donde las haya. Aún no tenemos aquí al Polanski que llegará a ser años más tarde, sin embargo consigue crear una película con hilarantes momentos de comicidad, enmarcados dentro de una trama que en principio no parecía especialmente dada para ello. A destacar entre otras cosas la música y la inquietante puesta en escena.

Ya en los ochenta el filón vampírico continúa funcionando y encontramos desde películas para adolescentes como otras mucho más serias y tal vez paradójicas, como es el caso de El Ansia (1983) dirigida por Tony Scott, basada en el libro de Whitley Strieber, con las maravillosas Catherine Deneuve y Susan Sarandon secundadas por el inquietante David Bowie. Se trata, al igual que el libro, de una película que profundiza en el sentido último que se encierra en la condición de vampiro, ya que Miriam (Deneuve) es un vampiro original, es su sangre la que confiere la capacidad de vivir eternamente y  mantenerse joven, mientras que sus amantes lo son sólo en parte, ya que con el paso de los siglos están condenados a una vida carente de esencia y corporeidad real. Necesitan ciertamente de la sangre para sobrevivir, pero ellos no son eternos ni inmortales de forma definitiva. En esta película damos un paso adelante en el tiempo y nos encontramos con unos vampiros que están en nuestro mundo actual, sofisticados e inquietantes, inmersos en la vorágine de la vida moderna, pero al tiempo solos y siempre preocupados porque la vida es eterna sí, pero la juventud no lo es.  El vampiro deja de ser un ser básicamente sensual, fiero y necesitado de sangre de forma permanente, para convertirse en un criatura que anhela la compañía y el amor. Que hace lo que considera necesario, por terrible que pueda ser para sus amantes-victimas, con tal de permanecer abrigado en el amor de otro ser, al que necesariamente, y de forma egoísta, se termina condenando a una vida eterna sumido en el olvido de una vejez también eterna. Por otro lado esta película muestra la preocupación creciente que se estaba produciendo en la sociedad, el temor a la enfermedad, más concretamente al sida, lo cual es especialmente claro teniendo en cuenta que tanto en el libro original como en la película es el intercambio de fluidos lo que conduce a la condición final de vampiro.

Tal vez esta película resultaba excesivamente inquietante, por ello, para quitarle un poco de hierro, pasemos a otra de naturaleza mucho más lúdica y dirigida básicamente al público juvenil, pero no por ello carente de interés. Jóvenes Ocultos (1987) de Joel Schumacher, nuevamente con un actor de apariencia turbadora y hasta en cierta forma andrógina, me estoy refiriendo cómo no a Kiefer Sutherland. Schumacher intentó con esta película dar un nuevo giro al género de vampiros y consiguió crear una película divertida y con múltiples guiños, que sinceramente no tiene nada que envidiar a otras mencionadas anteriormente, si bien supone un cambio con respecto a ellas, ya que consigue crear un nuevo género de vampiro, más alocado e irresponsable, que ante todo tiene ganas de dar la nota y armar “bulla”.



Drácula, de Bram Stoker
(1992) dirigida por Francis Ford Coppola es otro hito en el cine de vampiros y en cierta forma supuso un nuevo resurgir del tema. Teniendo en cuenta quien la dirigía era lógico que resultara una película polémica y que generara respuestas totalmente enfrentadas, para unos fue una obra maestra y para otros un mero ejercicio de forma pero sin fondo. En cualquier caso lo que sí es cierto es que el título, la referencia expresa a Stoker es lo más criticable, ya que no puede considerarse que sea una película fiel ni al libro ni al espíritu del mismo, ya que el Drácula literario es un ser maléfico, la encarnación en sí misma del mal, no un ser eternamente movido por la pérdida de su único y auténtico amor, del mismo modo que en el libro es una sombra, sabemos que está ahí pero no le vemos. En cualquier caso considero que es una buena e interesante película, que puede hacerte reflexionar. Espectacular visualmente y atrayente en su conjunto. Eso sí, abriendo las puertas al vampiro atormentado, apasionado y totalmente cegado por los sentimientos.

Drácula, de Bram Stoker volvió a traer de moda el cine de vampiros y facilitó que nuevas películas vieran la luz, y de entre las más divertidas tengo que destacar Sangre Fresca (1992) de John Landis, con la preciosa vampiresa encarnada por Anne Parilloud, encantadora y  estricta con su comida, porque esta jovencita solo se alimenta de chicos malos.

Dos años más tarde, en 1994, llegó la tan esperada adaptación de Entrevista con el Vampiro (1994) de Neil Jordan, con Tom Cruise y Brad Pitt como protagonistas. Basada en el libro homónimo de Anne Rice, Entrevista con el Vampiro se ha convertido en una película que a pocos deja indiferentes. Comenzando con la soberbia actuación de Cruise y Pitt, sin despreciar en absoluto a la entonces niñita Kirsten Dunst, que en esta película nos proporcionó momentos de una intensidad y emotividad que pocas veces he visto, porque el trío formado por estos tres personajes genera tal conjunto de sensaciones que difícilmente pueden olvidarse. Primero tenemos a Lestalt (Cruise), un vampiro frío, despreciable, amoral, que no tiene consideración alguna por los humanos, ya que para él no son sino simples criaturas de las que alimentarse, pero que paradójicamente no quiere estar sólo, necesita de un compañero para seguir adelante, y consigue encontrarlo en Lousie (Pitt), que es el contrapunto. Un ser atormentado por su nueva condición y que se niega a seguir los pasos de su creador. El detonante en la historia vendrá de la mano de la pequeña Claudia (Dunst), que les conducirá irremediablemente al desastre. En conjunto Entrevista con el Vampiro es una película inquietante al tiempo que fascinante, cargada de una atmósfera lúgubre pero paradójicamente  vitalista.

Con un estilo mucho más gamberro, pasado y evidentemente sanguinolento, está Abierto hasta el Amanecer (1996) de Robert Rodríguez. Esta película poco tiene que ver con el resto de las reseñadas anteriormente, pero es que los tiempos cambian, el público también lo hace y aparecen nuevos directores y guionistas que crean estilos propios, evidentemente aquí podemos ver la mano de Tarantino. Acción trepidante, sangre a borbotones y malos malísimos. Desde luego entretiene y te mantiene pegado a la butaca durante todo su metraje. Después eres tú quien decide.

Y poco a poco vamos avanzando en el tiempo y llegamos al comienzo de la incursión del cómic en el mundo del cine de vampiros con Blade (1998), basada en el personaje  creado por Marv Wolfman y Gene Colan para el número 10 de La Tumba de Drácula. El personaje empezó siendo algo así como un secundario, pero tenía atractivo, no en vano hablamos de un mestizo de vampiro y humano que lucha contra sus medio congéneres vampiros e intenta proteger a los otros de ellos. Prima la acción sobre el componente vampírico, pero el personaje resulta realmente atractivo. Posteriormente se rodaron dos secuelas.

En 1999 John Carpenter también aportó su granito de arena al género. Vampiros nos muestra a estas criaturas en toda su crudeza, nada de seres atrayentes, con un halo de romanticismo tras ellos, subyugadores y apasionados, sino que nos enfrentamos a criaturas sedientas de sangre, asesinos sin más, que desprecian la vida humana, ya que los humanos no son más que receptáculos de alimento. Pero la cosa no queda ahí, ya que los propios cazadores de vampiros tampoco tienen nada de maravilloso en sí mismos, pues no dejan de ser mercenarios a sueldo que simplemente cumplen con un trabajo por dinero. Con una ambientación a lo western, en definitiva tenemos a indios y vaqueros luchando unos contra otros.

Como puede verse el devenir del vampiro en el cine ha sido largo y en cierta forma tortuoso, aunque el filón seguirá dando para mucho y esperemos que cada vez mejor. De hecho el año pasado recibimos el primer episodio de la saga Crepúsculo, exaltación del vampiro adolescente con las hormonas alborotadas, pero seguro que la cosa mejora en esta secuela inminente, Luna Nueva, y podremos disfrutar en breve de más y mejor con estas feroces criaturas.

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