Categoría: Artículos | No hay comentarios | 6 agosto, 2009

Con sólo una palabra, el famoso Terminator, interpretado por el héroe de acción Arnold Schwarzenegger, consiguió aterrar y maravillar, a partes iguales, a millones de espectadores en todo el mundo. Sin embargo, es fascinante pensar que todo un fenómeno que cambiaría el cine de los últimos 20 años, empezó con unas pirañas. Esta es la historia detrás de Terminator.
PIRAÑA II: A contracorriente.

Remontémonos a 1981. Un joven y desconocido director norteamericano, James Cameron, especialista en FX y pupilo de Roger Corman (Los Ángeles del Infierno), es contratado para dirigir la secuela de Piraña, un taquillazo palomitero de 1978, dirigido por Joe Dante (Gremlins) y producido por el propio Corman. Con co-producción italiana, llevada a cabo por el inefable productor y director Ovidio G. Assonitis (American Ninja V), Cameron no sabe en qué infierno está apunto de meterse.
Los constantes problemas en el rodaje y la intromisión constante de Assonitis, con la aspiración de hacerse con la dirección de la película, convierten el rodaje, para Cameron, en un constante tira y afloja, intentando salvar algo que, desde el guión, está más que perdido. Otro hubiera renunciado, pero Cameron, intentando que este proyecto no marcara el resto de su carrera, llegó a pagarse un viaje a Roma para intentar solucionar en montaje, lo que era imposible ya de solucionar. Todo ese esfuerzo sobrehumano llevó al joven director a enfermar, delirando en su habitación de hotel en la capital italiana.
La fiebre le llevó a imaginar a un robot imparable y letal, caminando entre las llamas, con su disfraz de humano consumido por el fuego, mostrando su esqueleto metálico al rojo vivo. Terminator acababa de nacer en la cabeza de Cameron y no iba a desaprovecharlo.
THE TERMINATOR: Lección Aprendida

De vuelta a Hollywood y con ayuda de Gale Ann Hurd (Abyss), una talentosa productora y amiga de Cameron, también pupila de Corman, se pusieron manos a la obra y preparando el guión de Terminator. La reacción de las diferentes productoras por las que pasearon el guión era excelente, pero, la condición inapelable de que director y productora fueran los encargados de llevarla a cabo hecho a más de uno atrás, hasta que la productora Hemdale Films, respaldada por Orion Pictures, decidieron dar el paso. Sin embargo, las constantes reuniones fueron retrasando una y otra vez el proyecto, dejando dos años de postproducción en los que Cameron, aparte de escribir el guión de Rambo II y empezar a preparar Aliens, realizó una gran cantidad de diseños, storyboards y revisiones del guión.
De la elección del reparto se encargó el mismo Cameron, consiguiendo a casi todos los actores de su etapa con Corman. Sin embargo, no fue así ni con Linda Hamilton (La Bella y la Bestia), que consiguió el papel de Sarah Connor en un casting, ganándoselo a Jennifer Jason Leight (El Maquinista) y a Rosanna Arquette (Buscando a Susan, desesperadamente), ni con Arnold Schwarzenegger (Depredador), que fue impuesto por Orion Pictures. Inicialmente, Orion quería que Schwarzenegger interpretara a Kyle Reese, pero, tras leerse el guión y reunirse con Cameron, ambos sabían que su papel debía ser el del terminator.
Para la creación del temible cyborg que da nombre a la saga, Cameron intentó contar con Rob Bottin, excelente artista que ayudó a crear criaturas como La Cosa o Robocop. Sin embargo, embarcado en la producción de Legend de Ridley Scott, le recomendó a un colega de profesión, Stan Winston. Su forma de trasladar la idea que tenía Cameron en la cabeza a algo factible para el rodaje los convirtió en pareja habitual en posteriores rodajes, marcando esta película el principio de una larga lista de títulos imprescindibles en los que Winston participó.
Con todo el equipo listo y dispuesto, el rodaje no iba a acabar con los problemas. El rodaje se retrasó hasta marzo de 1984 porque Schwarzenegger tenía que hacer Conan El Bárbaro. Cuando finalmente empezó el rodaje, la productora intentó controlar todo e incluso quiso echar a Cameron del proyecto, ofreciéndole a Hurd más dinero. Como ya es historia, Hurd lo rechazó, convencida de que Cameron era el adecuado.
Cameron, que tras Piraña II no iba a permitir que le destrozaran otra película, hacía todo: comprobaba cada toma, probaba todas las acrobacias para que fueran lo más seguras posibles, dirigía él mismo la segunda unidad… La fama de tirano que ha arrastrado con los años el director comenzó en este rodaje, dado que exigía la misma entrega que él al resto del equipo, cosa que, siendo un trabajador inagotable como Cameron, es harto complicado. Sin embargo, el agradecimiento que luego demuestra para los que han trabajado bien con él es infinito, reutilizándolos en sus siguientes proyectos y mostrando en pantalla lo mejor de cada uno.
Terminator se convirtió en el éxito más inesperado de 1984. De no tener ninguna relevancia para los medios antes de su estreno a que, el boca a boca la convirtiera en uno de los mayores éxitos de los 80. Acababa de comenzar un mito.
Próxima Entrega: Terminator II y Terminator II 3D