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Agua para elefantes: el no tan maravilloso mundo del circo / **

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Con poco pan, y mucho circo, arranca Agua para elefantes (Water for Elephants, 2011), que desarrolla un drama romántico ambientado en los Estados Unidos de la Gran Depresión. El joven Jacob, un estudiante de veterinaria sumido en la miseria tras la repentina muerte de sus padres, se une a una compañía circense que intenta subsistir en un país duramente golpeado por la pobreza y el desempleo. Allí se enamorará perdidamente de la hermosa Marlena, principal estrella del espectáculo a la vez que esposa del jefe, un hombre brutal llamado August que dirige el circo con mano de hierro.

Sustentada en un triángulo amoroso al uso, esta cuidada producción dirigida por Francis Lawrence y escrita por Richard LaGravenese –guionista habitual de dramas de corte romántico– trata de aprovechar el atractivo que se supone intrínseco al mundo del circo y la turbiedad de sus contradicciones internas: la pobredumbre oculta tras los brillos del oropel, la explotación camuflada de camaradería, las monerías de las exóticas “fieras” del show con el cautiverio y el maltrato animal, en definitiva, un espectáculo cocinado “con sangre, sudor, dolor y mierda“, ingredientes bastante más vulgares que la magia, el glamour o las omnipresentes risas de los niños. A este respecto cabe reseñar el hecho de que su personaje principal, a la vez que narrador de la historia, sea veterinario de profesión. Su especial sensibilidad ante el sufrimiento de los animales del circo le permitirá colocarse en una posición privilegiada, acorde con las intenciones de una historia almibarada que desea reflejar, en palabras de Sara Gruen (la autora del best-seller en el que se basa el filme), “el amor en todas sus variantes: entre hombre y mujer, entre miembros de la familia y entre personas y animales“.

Una de las pretendidas bazas de Agua para elefantes –a la vez que su elemento más chirriante– es su reparto, encabezado por un poco lucido Robert Pattinson con un papel bombón destinado a hacer las delicias de sus seguidoras incondicionales: el sensible veterinario, dulce, respetuoso y siempre empático con el dolor ajeno. Le acompañan dos ganadores de Oscar, la siempre espléndida Reese Witherspoon como Marlena y un histriónico Christoph Waltz en la piel de marido celoso y maltratador, últimamente encasillado en roles de malo malísimo tras su virtuosa interpretación en Malditos bastardos (Inglourious Basterds, Quentin Tarantino, 2009). Pero en Agua para elefantes los actores de cuatro patas cobran la misma importancia que sus colegas humanos: los caballos, los leones y, especialmente, Rosie la elefanta. Indiscutible estrella de la película, el encantador animalito (una hembra de elefante asiático de 42 años llamada Tai) actuará como elemento catalizador de las relaciones entre los personajes de Jacob, Marlena y August, a la vez que dispensará los principales momentos de acción, tensión, ternura y drama. Una vez que hace acto de presencia, la elefanta brillará de forma mucho más intensa que su trío protagonista, evidenciando una clara asimetría en la que tiene mucho que ver lo estereotipado de los personajes y la escasa química entre Pattinson y Witherspoon, cuyo romance se esboza a base de apresurados y toscos brochazos.

Ambientada en la época de la Gran Depresión, la cinta aprovecha para dar cuenta, a grandes trazos, de cuestiones de evidente actualidad como la rapacidad de los bancos, el alto nivel de endeudamiento de las familias, las asfixiantes hipotecas, el incremento de los homeless, la nula asistencia social o la enorme carestía de la educación, reservada consecuentemente a unos pocos privilegiados. Convive con la crítica social el discurso aparentemente animalista, en realidad un alegato bastante tibio destinado a provocar la lágrima fácil del espectador. Nunca se llega a condenar la cosificación de la que son objeto los animales salvajes en el circo, a resultas de su empleo como actores a la fuerza de los shows, solo el maltrato puntual del que es víctima la elefanta Rosie, considerado a la postre como una excepción a la norma.

Lo mejor: su estilo vintage.

Lo peor: que el indiscutible encanto de la elefanta de la película sirva para fomentar el uso de estos y otros animales en espectáculos destinados al divertimento.

Nota: **

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