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Betty Anne Waters: Hilary Swank como hermana cocodrilo / *1/2

Categoría: Críticas | 1 Comentario | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Tiempo antes de que las pruebas de ADN se convirtieran en un elemento crucial de los casos llevados a juicio, la culpabilidad o inocencia del acusado se dirimía en muchas ocasiones por el grupo sanguíneo. Esto es lo que le sucedió a Kenneth Waters, un habitante de la pequeña localidad de Ayer (Massachusetts) que en 1983 fue considerado culpable del brutal asesinato de una lugareña llamada Katherina Brow y condenado a cadena perpetua, después de comparar su sangre con la muestra hallada en la escena del crimen. En su contra jugaban también otras circunstancias. Por un lado, Kenneth era un habitual de la comisaría –por cuestiones menores–, donde gozaba del flaco favor de una de las agentes, Nancy Taylor. Por el otro, años atrás, la finada había sido determinante en su ingreso en el reformatorio, por lo que era fácil presuponer un deseo de venganza. Y, por si fuera poco, dos de sus antiguas novias declararon en su contra, asegurando haber sido testigos de cómo el hombre se vanagloriaba de su horrendo delito.

Claro que, como insistía el personaje de Henry Fonda en la memorable Doce hombres sin piedad –traducción poco ajustada del clásico de Sidney Lumet 12 Angry Men, dirigido en 1957–, a veces las apariencias, por muy concluyentes que parezcan, engañan. Tal fue el caso de este hombre, que se tiró dieciocho largos años en prisión por un crimen que no cometió, una vez que el análisis genético estableció su inocencia. La película Betty Anne Waters (Conviction, 2010), dirigida por Tony Goldwyn y escrita por Pamela Gray, aterriza ahora en las pantallas cinematográficas dispuesta a desfacer el entuerto elevando a los desgraciados protagonistas a la categoría de héroes.

Y es que la intención principal de esta producción radica casi en exclusiva en rendir un sentido tributo a este hombre injustamente condenado y, en especial, a su luchadora hermana. Convencida de su inocencia, Betty Anne no cejó durante todos esos años en su lucha para sacarle de la cárcel, llegando incluso a estudiar la carrera de Derecho para encargarse personalmente de su defensa. Para este papel se ha contado con Hilary Swank, una actriz de categoría dos veces oscarizada pero que, lamentablemente, tras su última estatuilla –concedida por la impresionante Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004)– se ha prodigado en producciones de calidad más que discutible como La cosecha (The Reaping, Stephen Hopkins, 2007) o La víctima perfecta (The Resident, Antti Jokinen, 2011).

Desgraciadamente Betty Anne Waters no constituye una excepción. Aunque la crítica a los fallos del sistema judicial estadounidense resulta obvia, el filme está muchísimo más interesado en las posibilidades melodramáticas de la historia, narrada como una emotiva muestra de amor fraterno incondicional. Echando mano de todos los amaneramientos posibles de los dramones “basados en hechos reales” made in Hollywood, Betty Anne Waters exhibe como mejor baza la elección de un llamativo reparto que consigue dar empaque físico a unos personajes pobremente elaborados. Junto a las vigorosas interpretaciones de la sacrificada protagonista y de su hermano, interpretado por Sam Rockwell, destaca la presencia de Melissa Leo como la policía Taylor, Clea DuVall y una desmejoradísima Juliette Lewis como ex novias y Minnie Driver como compañera de estudios a la vez que fiel amiga de Betty Anne.

 

Lo mejor: Sam Rockwell. Aunque su personaje está muy estereotipado, se come la pantalla cada vez que aparece.

Lo peor: Los flashbacks acerca de la infancia desdichada de los niños Waters. El desafortunado tufillo a grandilocuente telefilme de sobremesa.

Nota: *1/2

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