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Blitz: por la calle de en medio / *

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Aunque ambientada en el Londres actual, Blitz (2011) evidencia desde el primer fotograma su deuda con el thriller setentero made in USA, en el que maníacos psicópatas, bulliciosos pandilleros, rencorosos vigilantes y policías de modos brutales pugnaban por el control de la peligrosa jungla de asfalto. En esa tradición de rudos agentes de la ley al más puro estilo de Harry “El sucio” es donde se inserta esta producción británica que ha constituido el segundo largometraje de Elliott Lester, un director procedente del mundillo de la publicidad y del videoclip que debutó en cine con el drama juvenil Love Is the Drug (2006).

La película adapta la novela homónima del irlandés Ken Bruen. Publicada en 2002, se trata de la cuarta entrega de una serie policiaca titulada R&B que arrancó allá por 1998 con A White Arrest (traducida en España como El gran arresto) tomando su nombre del tándem protagonista, compuesto por el inspector jefe James Roberts y el detective sargento Tom Brant –y del que se dice que Roberts es el Ritmo y Brant “el Blues más melancólico“–. En su traslación a la gran pantalla, llevada a cabo por el guionista Nathan Parker, el personaje de Roberts (interpretado por Mark Rylance) perdió mucho fuelle en favor de su subalterno, quedando reducido a un rol de “camisa roja” meramente anecdótico.

Con Jason Statham encarnando a Brant –una elección alabada por el novelista, que aseguró que el actor era perfecto para el papel: “lo bastante bruto y tosco, pero con una chispa en los ojos que denota inteligencia“–, la película se erige como vehículo para el lucimiento de su estrella. Desde su arranque seco y brutal, que de lejos supone lo mejor de la película (impagables los efectos sonoros con los que se remarca la fuerza de los golpes de Statham), Blitz enseña rápidamente sus cartas: un chute de adrenalina combinado con violencia catártica. Y es que la cinta se recreará en los poco ortodoxos métodos de este policía hastiado de la ley que, en sus ratos libres, ejerce de justiciero nocturno blandiendo un palo de hurling (lo que le valdrá el terrorífico apodo “Hurley Maniac”, cortesía de la prensa sensacionalista).

Trasunto videoclipero de los thrillers secos y violentos de los años setenta, Blitz fagotiza sus influencias –algunas tan ilustres como La ofensa (The Offence, Sidney Lumet, 1972), protagonizada por un inmenso Sean Connery– para enaltecer la figura del policía cavernícola, sin ofrecer nada más a cambio que una puesta al día macarra de sus temas recurrentes y de sus clichés más arraigados, que alcanzarán el paroxismo en el retrato de su personaje principal. Claro híbrido entre el mítico Harry “El sucio” de Clint Eastwood y el no menos emblemático Paul Kersey de la saga Death Wish, encarnado por Charles Bronson –cuya primera entrega, El justiciero de la ciudad, fue dirigida por Michael Winner en 1974–, el grotesco sargento Brant tratará de resolver la ineficacia del sistema legal a golpe de hurley o de pistola si llega el caso, pretendiendo erigirse como una variante genuina irlandesa mirando como modelo (nada más y nada menos) al héroe celta Cú Chulainn. No faltará el colega gay (Paddy Considine) como compañero imposible, cuya finalidad será demostrar que Brant no es tan mal tipo pese a sus chistes homófobos, ni el maquiavélico villano, cuya maldad justificará de sobra cualquier maniobra extrajudicial. Es en el retrato del “malo” donde descolla Blitz, gracias a la memorable interpretación de Aidan Gillen, que alegra la función con sus excesos psicopáticos.

Lo mejor: Aidan Gillen como genial e histriónico villano. Los momentos humorísticos dispensados por el personaje de Ned Dennehy.

Lo peor: Que se toma demasiado en serio a sí misma. Las constantes (y algo cansinas) chulerías y salidas de tono del personaje de Jason Statham.

Nota: *

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