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Cars 2: una flamante carrocería falta de potencia / ***

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Cinco años después de Cars (2006), esa insólita road-movie de autoconocimiento protagonizada por coches con la mítica Ruta 66 como escenario de excepción, John Lasseter y Pixar vuelven a sumergirse en ese mundo alternativo motorizado pero más a lo grande. De los locales y rurales dominios de Radiador Springs, ese pequeño pueblito perdido en medio del desierto, la acción llevará a los protagonistas por ciudades de postal como Tokio –geniales esas cochecitas geishas–, París, Londres o Porto Corsa –un híbrido entre Mónaco y la indiscutible belleza de la Costa d’Amalfi–, con vistas privilegiadas de los monumentos más famosos del mundo como el Big Ben o la Torre Eiffel.

Convertido Rayo McQueen en uno de los grandes de la velocidad, el protagonismo de esta secuela recae sobre su fiel amigo Mate. Este acompañará a la estrella al Gran Premio Mundial, unas carreras en las que no se disputará solamente cuál es el coche más rápido del mundo, sino también la eficacia de un nuevo combustible ecológico llamado allinol. Como no podía ser menos, la falta de experiencia de Mate y su proverbial mala pata ocasionarán no pocos líos. Lejos del ambiente conocido de su localidad natal, el desaliñado y bocazas camión-grúa se moverá por las modernas ciudades como un elefante en una cacharrería, abochornando a su amigo e inmiscuyéndose en una peligrosa a la vez que apasionante trama de espionaje internacional, sabotaje y asesinatos. Y es que la ultramoderna pareja de espías compuesta por el veterano Finn McMissile y la novata Holley Shiftwell confundirá a este paleto bonachón con un homólogo de la inteligencia yanqui, dando por sentado que su apariencia rústica –capas de óxido incluidas– forma parte de una sofisticadísima estrategia de camuflaje.

En Cars 2, Lasseter combina dos de sus grandes pasiones, los automóviles y el cine de espías, aprovechando unas cuantas ideas que habían quedado en el tintero tras la realización del primer filme. Del mismo modo que los personajes amplían sus horizontes (de Radiador Springs al mundo entero), la película amplía su discurso aunque sin perder de vista la amistad y la aceptación de uno mismo como temas fundamentales y recurrentes. La trama, más disparatada y aventurera, no olvida el entramado de contradicciones e intereses creados inherentes al mundillo de la automoción, abordando de frente el gran problema de la industria: el inmovilismo. Los malos de la función serán lógicamente unas viejas tartanas “chapadas a la antigua”, adictas a la vez que propietarias de las (cada vez más exiguas) reservas de combustible fósil del planeta y totalmente indiferentes a las consecuencias de seguir empleando una tecnología tan caduca como dañina. Pero ni su mensaje positivo (y bastante manido), ni su discurso pretendidamente ecológico, ni su envoltorio vistoso llegan a satisfacer del todo. Claro que Pixar nos tiene muy mal acostumbrados. Y es que al lado de joyas como WALL·E. Batallón de limpieza (WALL·E, Andrew Stanton, 2008), Up (2009, Pete Docter y Bob Peterson, 2009) o la trilogía de Toy Story, tanto Cars como su aparatosa secuela son obras espectaculares a nivel técnico pero indudablemente menores.

Al elenco de voces ya conocidas –los cómicos Owen Wilson y Larry the Cable Guy como los inseparables colegas Rayo y Mate, Bonnie Hunt como Sally, Tony Shalhoub como Luigi, etc.– se suman otros acompañantes ilustres, entre los que destacan el gran Michael Caine como el valiente espía Finn McMissile, Emily Mortimer como la guapa Holley Shiftwell, John Turturro como el engreído Francesco Bernoulli (un atractivo monoplaza cuyas “ruedas al aire” siembran el furor entre las cochecitas) y Thomas Kretschmann como el malvado profesor Z. Según la versión de doblaje, podremos disfrutar de los cameos de Sophia Loren como mamá Topolino y de diversos pilotos de Fórmula 1 como Fernando Alonso, Lewis Hamilton, Vitaly Petrov o Sebastian Vettel. En la versión doblada para España se podrán apreciar las voces del campeón asturiano, de Pedro de la Rosa, de Antonio Lobato y de Juan Antonio Villanueva.

Como es costumbre, la película se acompaña de un corto. En este caso se trata de Vacaciones en Hawai, una pequeña pieza dirigida por Gary Rydstrom y protagonizada por los entrañables personajes de Toy Story.

 

Lo mejor: el trepidante prólogo, cortesía de Finn McMissile.

Lo peor: que la pasión por los coches resulta fundamental para que tanto el original como su secuela nos lleguen al corazón o, por el contrario, nos dejen bastante indiferentes.

Nota: ***

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