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Código Fuente: lo que dan de sí ocho minutos cuánticos / ****

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

El capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal), destinado en Afganistán, despierta sin saber cómo en un vagón de tren al lado de Christina (Michelle Monaghan), una mujer desconocida que parece conocerle. Confundido, se dirige al lavabo, donde se da cuenta de que el rostro reflejado en el espejo no es el suyo, sino el de un tal Sean Fentress, un profesor cuya identificación lleva en la cartera. Al poco después, el tren estalla en mil pedazos y el capitán vuelve a despertar, preso de la confusión, en una especie de cápsula donde una militar llamada Goodwin (Vera Farmiga) le formula preguntas sin cesar acerca de su extraña vivencia. Pronto sabremos que los pasajeros del tren a los que acabamos de ver han muerto en un ataque terrorista y que el artífice del mismo tiene siniestros planes para el futuro. Por eso es tan importante la sorprendente misión asignada al protagonista: ser enviado a una realidad paralela, en la forma del fallecido Sean Fentress, para poder identificar al terrorista y facilitar así su detención, evitando nuevas catástrofes. Desafortunadamente, en cada viaje solamente dispondrá de ocho minutos, un lapso de tiempo muy corto para cumplir su cometido pero suficiente para empezar a enamorarse de Christina.

Después de llamar la atención de la crítica con su ópera prima, esa pequeña joyita que fue Moon (2009), Duncan Jones vuelve a sumergirse en la ciencia-ficción en Código Fuente (Source Code, 2011). En este caso no se trata de un proyecto personal, aunque guarda algunos puntos en común con su anterior trabajo. El guion de Ben Ripley llamó la atención del productor Mark Gordon, el cual pensó en el actor Jake Gyllenhaal como protagonista. Este, a su vez, propuso a Jones como director a causa de la buena impresión que le había causado Moon.

El enrevesado argumento de Código Fuente echa mano del siempre fascinante tema de los viajes en el tiempo y sus obligadas paradojas, trasluciendo referencias a filmes como Doce monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995) o Déjà Vu (Tony Scott, 2006) y, por supuesto, al ya mítico cortometraje de Chris Marker La jetée (1962), que fue homenajeado precisamente por el padre de Duncan Jones –el artista David Bowie– en el videoclip Jump, They Say, dirigido por Mark Romanek en 1993. También se dejan entrever influencias de las televisivas Expendiente X (especialmente del episodio “Monday”), Más allá del límite (The Outer Limits) y A través del tiempo (Quantum Leap), una serie de finales de los ochenta en la que un científico cuántico –interpretado por Scott Bakula, que interviene en Código Fuente con un breve papel– viaja en el tiempo “saltando” en los cuerpos de otras personas que actúan a modo de improvisados “huéspedes”. Pero la deuda más evidente es la contraída con la deliciosa comedia Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993), en la que un inexplicable bucle en el tiempo daba a un antipático Bill Murray una lección imprescindible sobre las cosas que más importan en la vida.

 

Algo parecido sucede en Código Fuente. A medida que avanza el metraje, los entresijos del argumento (lógico resultado de echar mano de la mecánica cuántica) van perdiendo consistencia en favor del devenir de los personajes: en palabras de su director, “La historia trata en última instancia sobre las relaciones y sobre cómo la gente establece vínculos. En eso es en lo que quería fijar la atención. Lo fundamental es Colter y Christina, y Colter y Goodwin”. Como sucediera en Moon, los grandes temas de la historia –en este caso, las oscuras conspiraciones gubernamentales, los experimentos científicos de moralidad dudosa y el mismo atentado terrorista– no son más que excusas, meros ingredientes de una trama que (pese a la acción trepidante) prefiere centrarse en la esfera más íntima del individuo: sus deseos, sus aspiraciones, sus afectos, sus remordimientos. Su tratamiento humanista viene avalado por una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de todo su reparto y en especial de un entregadísimo Jake Gyllenhaal, que parece que le ha cogido gustillo a esto de viajar en el tiempo –que se lo digan a sus personajes de Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) y Prince of Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: The Sands of Time, Mike Newell, 2010)–. Una fábula moral contemporánea de tono nostálgico y cierto regusto a cuento de hadas, en la que no faltan la bella dama en apuros (Monaghan), el caballero al rescate (Gyllenhaal) y el mago malvado (Jeffrey Wright).

Lo mejor: La química entre Jake Gyllenhaal y Michelle Monaghan.

Lo peor: La intriga policiaca, bastante previsible para el espectador atento.

Nota: ****

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