Categoría: Críticas | No hay comentarios | 1 julio, 2011
Con unos años de retraso llega a España esta cinta del danés Thomas Vintenberg, estrenada en las pantallas españolas a posteriori que su último trabajo hasta la fecha, el desgarrado drama Submarino (2010). Comedia ácida acerca de las relaciones familiares y sentimentales de envoltorio costumbrista, Cuando un hombre vuelve a casa (En mand kommer hjem, 2007) se teje alrededor de una trama folletinesca que da cuenta de los encuentros y desencuentros de una serie de personajes con su pasado. Una vez más desde Celebración (Festen, 1998), una de las obras cumbre del sepultado movimiento Dogma, el cineasta se consagra a derrumbar el muro de silencio tras el que se agazapan los sucios secretillos familiares, aunque en este caso con un tono decididamente ligero y amable.
Tras un prólogo tan jocoso como amargo en el que el protagonista (Oliver Møller Knauer) relata los traumas infantiles que originaron su tartamudez, la cinta da cuenta de cómo, en plena juventud, su mundo vuelve a ponerse patas arriba. Por el momento Sebastian trata de ser todo lo contrario que su padre mujeriego y suicida: un chaval serio y equilibrado, que se enorgullece de ser “el chico más fiel del mundo” y que está felizmente prometido con su novia Claudia (Helene Reingaard Neumann), la cual parece convenirle mucho. Sin embargo buena parte de sus convicciones se vendrán abajo cuando haga acto de presencia su antiguo amor, una chica vulnerable y con no pocos problemas llamada Maria (Ronja Mannov Olesen). A ello se sumará el revuelo ocasionado en el pueblecito en el que se desarrolla la acción por la llegada de un famoso cantante de ópera, un excéntrico personaje (Thomas Bo Larsen) que desempeñará un papel fundamental en la vida del muchacho.

Dice el director que Cuando un hombre vuelve a casa “es mi intento de volver al punto de partida que dejé atrás la última vez que hice una película danesa: una necesidad de volver, tras una dilatada búsqueda en otros lenguajes y géneros, a mi propia forma de expresión“. Una vuelta a los orígenes que se erige igualmente como tema central del filme, marcando las idas y venidas de unos personajes en crisis que, a su pesar, han de enfrentarse con un pasado que les salta a la cara en forma de dolorosos traumas y recuerdos reprimidos, pero también de deseos y aspiraciones sacrificadas en pos de una huida hacia adelante que, en el mejor de los casos, se revela como inútil. Una crisis de existencia monumental potenciada por un clima de caos tan catártico como festivo, en el que todos los esperpénticos habitantes de la pequeña localidad aportan su granito de locura (el director del hotel, el chef, el “tío” Anna…) y que encuentra su epítome en las delirantes intervenciones de la banda de música folklórica.
Lo mejor: La sucesión de gags cómicos dispensados por el personaje del chef.
Lo peor: El desastroso cartel, que hace un flaco favor a la promoción del filme.
Nota: ***