Categoría: Críticas | No hay comentarios | 11 noviembre, 2009
Han pasado 9 años desde que Robert Zemeckis rodara su última película de acción real, Náufrago. Desde entonces el director quiso embarcarse en algo que, por aquel entonces, se consideraba más que innovador pero arriesgado, la creación de películas de animación a partir de la novedosa técnica de captura de movimiento gracias a la cual a partir de actores reales se conseguía una mayor libertad en la creación de personajes y entornos digitales. No es la primera vez que Zemeckis ha querido dar un paso adelante en materia de efectos especiales, ejemplos como ¿Quién Engañó a Roger Rabbit?, La Muerte os Sienta tan Bien o Forrest Gump supusieron grandes avances técnicos que ayudaron a evolucionar a esta industria y a que pudieramos ver muchas de las películas de hoy día.
Su primer proyecto Polar Express, ya fue muy criticado en su momento por el empleo de esta nueva técnica en sí misma, por encima de la historia que se quería contar (poco importó que fuera una entrañable película que vista hoy día sea casi indispensable de ver en estas fiestas), al igual que posteriormente con Beowulf (es de los pocos cineastas americanos que plantea una película de animación para adultos). Su intento de conseguir un mayor realismo en los personajes humanos nunca ha terminado de convencer a cierto sector crítico y de público, curiosamente la sólo producida por él, Monster House, no causó el mismo ruido, debió de ser por el aspecto caricatura de sus personajes, aunque el origen de su creación fuera exactamente el mismo.

Lo que nadie se cuestiona es que muchos otros proyectos que se han rodado o se estan rodando actualmente como Tintín de Steven Spielberg y Peter Jackson o la nueva de Tim Burton, Alicia en el País de las Maravillas ya están empleando la captura de movimiento y es algo que no va a parar. A ello le sumamos el hecho de que Zemeckis ya apostó hace más de 5 años por implantar el cine en 3D que ahora mismo nos parece tan normal y que está consiguiendo que los espectadores vuelvan un poco más a las salas. Cuento de Navidad, basada en la novela de Charles Dickens, es su tercera película, esta vez siendo su empresa Imagemovers comprada por Disney a diferencia de las anteriores.
Técnica aparte, realmente lo que se debe valorar es el proyecto y el resultado en su conjunto. En ese sentido nos encontramos ante una buena adaptación, esta vez más complicada y con menos “caramelo” que el que ya existía en Polar Express y obviamente, más perfeccionada. Además de por una sólida base como es su diseño de producción, Cuento de Navidad destaca sobre todo por una magnífica planificación debido a la presencia de un director que tiene la experiencia de saber crear y rodar en imagen real, lo que dota a la cinta de un mayor factura visual, pero tras todo este envoltorio animado, el director y guionista consigue no descuidar demasiado su aspecto narrativo, ya que a través de un guión con sus líneas directamente sacadas de la fuente y de la propia época victoriana (algo que los críos probablemente no terminarán de entender y se perederán), sabe contarnos de nuevo la esencia del relato de Dickens y sabe respetar casi todo el conjunto, dando emoción y ternura en algunos momentos, y buen espectáculo en otros.

Sin embargo, el film de Zemeckis se centra demasiado en un muy cumplidor y para alegría de muchos (o disgusto de otros) nada cargante Jim Carrey, y no termina por desarrollar el gran potencial de algunos personajes secundarios. Con la excusa de tener entre manos una obra tan conocida por todos, esta versión pasa muy rápidamente por instantes necesarios para comprender mejor el cambio de su personaje principal, Ebenezer Scrooge. Además, se podría decir que la falta de ritmo de algunas secuencias (la llegada del fantasma Marley es muy intensa pero se alarga demasiado) y algunas escenas concebidas más para la experiencia en salas 3D son las que terminan por perjudicar y empañar una propuesta que sorprende que llegue de las manos de Disney, porque no es una película tan claramente destinada al público infantil como cabía esperar. Algo está cambiando en Disney, y se agradece.
Lo Mejor: la dirección de Zemeckis, consiguiendo un gran espectáculo visual.
Lo Peor: aun siendo respetuosa a Dickens, le falta ritmo y no profundiza en algunos personajes secundarios.
Nota: ***