Categoría: Críticas | No hay comentarios | 15 abril, 2010
Hay veces que el cine es mas que una cabina de reflexión acerca de situaciones inusitadas o un viaje
por la psicología de un personaje. El cine es espectáculo y el cine más circense por así llamarlo es el
de acción. Y su función no es otra que entretener y sorprender, porque si buscas un mensaje
profundo dentro del formato acción, amigo mio, no sabes lo que quieres. Por lo tanto esta película
habría que criticarla como lo que es: una película media de acción.
Pierre Morel no nos sorprende pero nos entretiene. Y desde luego esta película entra dentro del
montón que nos mantiene hora y media en tensión con toda su acción, su amor por la destrucción y
todo lo que tenga que ver con la palabra “escabechina”. Cierto que el guión es facilón y el discurso
audiovisual es llevado a las masas en un mensaje de amor resuelto con una buena cantidad de
plomo, pero sería injusto juzgar una película de acción de este calibre por su discurso audiovisual.
Los puntos de giro mantienen en vilo y hacen honor a toda promesa de entretenimiento pero no por
esto es una película distinta a otras. ¿Por qué es distinta al resto de películas de acción de este año?
La respuesta es simple. John Travolta.
Sí señor. Lejos de volver a interpretar un papel como el de Hairspray (pintoresco a la par que
sórdido) o a explorar un personaje digno de la serie b como ocurre en Campo de batalla: La tierra,
John Travolta vuelve a la gran pantalla haciendo lo que mejor sabe hacer: acción, pero esta vez sin
ser el malo de la película. En este largometraje La acción se sucede entre risas socarronas y viriles
matando a diestro y siniestro sin esfuerzo aparente con una parsimonia propia de Bud Spencer. El
personaje en si no es menos espectacular. Un agente secreto con métodos poco ortodoxos con un
toque de locura pero de buen corazón. Eso si, duro como una roca y loco por lo que en su día fue el
detonante de una banal conversación entre gangsters: Las hamburguesas (más concretamente la
Royale con queso).

El guión es la simplicidad en celuloide. Es una película de dos compañeros completamente distintos
con valores enfrentados pero los mismos fines. El compañero de nuestro brutal Travolta no es nada
menos que Jonathan Rhys Meyers (Match Point) cuyas interpretaciones al “desvirgarse” en el
mundo del asesinato no dejan de ser fascinantes. La fuerza de Desde París con amor se encuentra
en este típico, y no por ello menos entretenido, contraste de la extraña pareja. Los dos compañeros
que comienzan con mal pie pero que poco a poco encontrarán en el otro la horma de su zapato para
salvar el mundo.
Eso si, quien sea sensible al mensaje audiovisual o haya leído hace poco un libro de Virginia Wolf y
se sienta defensor de una igualdad de género que se abstenga a ver esta trepidante aventura. Porque
no es mas que eso, una trepidante aventura en la que muere hasta el apuntador y en la que tanto
Rhys Meyers como Travolta se mantienen firmes ante la adversidad acabando con todos los malos y
salvando a los buenos desde el anonimato.
Una buena dosis de patadas, puñetazos, explosiones, tiros, acrobacias… la mejor combinación para
esos días en que no puedes pensar mas y lo último que quieres es reflexionar otra vez sobre el sexo
de los ángeles.
Lo mejor: John Travolta en estado puro.
Lo peor: El pequeño episodio de la Royale con queso.
Nota: ***