Categoría: Críticas | 1 Comentario | 26 agosto, 2011
En 2006 Jens Lapidus, un abogado penalista sueco pluriempleado como escritor, dio la campanada con su primer libro, una novela negra titulada Dinero fácil y concebida como la primera entrega de una futura trilogía. En este trabajo, convertido en un best-seller instantáneo aclamado por la crítica –empeñada en definir a su autor como el “James Ellroy” sueco–, Lapidus vertió buena parte de su experiencia profesional en los juzgados, dando una visión descarnada de la vida criminal en los bajos fondos de Estocolmo. No resulta extraño que el siguiente paso, dado dos años después de que el escritor presentara el segundo volumen de su “Trilogía negra de Estocolmo” –traducido en España como Nunca la jodas– fuera lanzar la trilogía al cine. Así, en enero de 2010 se estrenó en su país de origen Dinero fácil (Snabba Cash, 2010), cuya realización recayó sobre el realizador medio sueco medio chileno Daniel Espinosa, encargado también de la elaboración del guion junto con Maria Karlsson, Hassan Loo Sattaevandi y Fredrik Wikström.
Dinero fácil, que llega a las carteleras españolas hoy viernes, se trata de una obra coral, si bien destaca entre todos sus personajes a Johan Westlund (Joel Kinnaman), un estudiante de empresariales de origen humilde pero con grandes sueños de grandeza que trata de mimetizarse entre sus colegas de la alta sociedad, aunque eso implique venderse al mejor postor. Pues, cuando el dinero que consigue trabajando como taxista no le sea suficiente para mantener su ficticio nivel de vida, no dudará en meterse en asuntos sucios con su jefe Abdulkarim (Mahmut Suvakci) –para el que el negocio del taxi no es más que una tapadera para sus tejemanejes con la coca–, implicándose en una compleja trama de narcotráfico, blanqueo de dinero y crimen organizado. Su inmersión en el mundillo de la droga posibilitará el contacto con otros dos personajes vitales en la trama: su aliado Jorge Salinas (Matias Padin), un traficante de drogas latino con valiosos contactos que acaba de fugarse de la cárcel, y su antagonista Mrado (Dragomir Mrsic), un tipo brutal que trabaja como matón a sueldo a las órdenes de Radovan (Dejan Cukic), el despiadado jefe de una banda serbia.

Apoyada en el buen hacer de sus actores –entre los que destaca Kinnaman, uno de los protagonistas de la serie de AMC The Killing y al que veremos más adelante en The Girl with the Dragon Tatoo, el primer remake hollywoodiense de la trilogía Millenium de Stieg Larsson– la película planea por los bajos fondos, un mundillo dominado por la violencia y la ley de la jungla en el que un popurrí de latinos, suecos, serbios, árabes y albanos pugnan por el control de la droga, sin obviar el papel de los ciudadanos más “respetables”, banqueros corruptos que (sin mancharse las manos) se afanan en dejar el dinero sucio “blanco como la nieve”. Es en el retrato de esas capas altas de la sociedad donde Dinero fácil carga más las tintas: gentes caducas, clasistas y amorales que se asquean hipócritamente ante la visión de la sangre, sin que ello implique renunciar a su trozo del pastel. Espinosa compone con intención moralista y afán documental –que pretende potenciar con una cámara inquieta, un montaje seco y una fotografía que abusa del contraluz– un mosaico de culturas, de etnias, de lenguas, de clases y de caracteres dominados por un único factor (el maldito dinero), aunque también deja un pequeño espacio para el amor, la ternura y la capacidad de sacrificio. Como buen representante de la novela/cine negro nórdico, Dinero fácil radiografía sin ambages la trastienda de la aparentemente idílica sociedad sueca, dando cuenta de las perversiones que se agazapan tras los logros del estado del bienestar; una narrativa tanto más negra cuanto más acomplejada, en la medida en que sus protagonistas tratan de esconder sus miserias y sus sucios secretos bajo un manto de normalidad y de democracia superdesarrollada con bajos índices de criminalidad.
Lo mejor: la combinación entre el relato negro y la crítica social.
Lo peor: que con el doblaje se perderá gran parte de la esencia cosmopolita del filme.
Nota: ***1/2