Categoría: Críticas | No hay comentarios | 7 septiembre, 2009
Michael Mann, disfrutando del realismo de la generación digital, nos ofrece su visión de uno de los antihéroes más significativos del siglo XX norteamericano, John Dillinger, el ladrón de bancos que llegó a ser más famoso que el mismísimo presidente de los EE.UU. Y qué visión…
El personaje interpretado más que correctamente por Johnny Depp es, en comparación con todo lo que le rodea, la resurrección de Jesucristo. Mann nos ofrece una versión edulcorada del ladrón, en la que parece que todo el que rodea a Dillinger tiene más de delincuente que él mismo, incluido el FBI.
Desde el implacable agente Purvis, encarnado por Christian Bale, pasando por cada uno de los que rodea a Dillinger, todos parecen menos inteligentes, menos carismáticos, menos atractivos… en definitiva, completamente inferiores al idealizado ladrón.
No es menos cierto que esa es la imagen que se tenía del famoso gangster en su época. Sin embargo, hubiera sido deseable un poco de mala leche por parte del director, equilibrando la balanza de buenos y malos actos del personaje, bajándolo un poco al mundo de los vivos y mostrando una biografía algo menos exagerada.
Todo esto no quita que la película esté rodada con la elegancia que Mann nos tiene acostumbrados, sobre todo desde que se ha pasado al cine digital. Tanto los tiroteos con Depp y/o Bale involucrados, como las dulces escenas de amor de Dillinger y su novia Frenchette, nos mantienen pegados en el asiento en esta fábula de Robin Hood moderno.
La fotografía es sorprendente, teniendo en cuenta como está grabada la película. Mann consigue por momentos un realismo en las imágenes que nos transporta a esa época instantáneamente. Sin embargo, en las escenas más movidas, hay planos en los que no sabes exactamente qué estás viendo, lo que puede sacarnos de la trama durante unos instantes.
En definitiva, Michael Mann se transforma en abogado de un mito del siglo XX, el cual, con el mensaje de vivir día a día, se convierte en un personaje tan querido como alejado del público.
Lo Mejor: Dillinger viéndose a sí mismo en la gran pantalla, interpretado por Clark Gable.
Lo Peor: La positiva exageración de la vida de Dillinger.
Nota: ****