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Habitación en Roma: reflejos de la escapada / ****

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

Explica Julio Medem que Roma le parecía la ciudad ideal para escapar, para perderse. Y más aún si, como Alba, el personaje que interpreta Elena Anaya, se utiliza un mapa de la Roma de los Césares, obsoleto como las fotografías de satélite de Google Earth. Quizá por eso Alba y Natasha van a encontrarse en su huída, para pasar juntas su última noche en la ciudad al abrigo de una habitación de hotel que, como la propia película, contiene dentro de sus paredes la historia que ocurrió fuera de las mismas.

Porque mientras Habitación en Roma parecía presagiar una serie de escenas de sexo con diálogo intercalado para rellenar, en realidad Medem nos ofrece exactamente lo opuesto: una historia dialogada, en la que las protagonistas construyen su verdad a base de medias mentiras, y cuyos encuentros sexuales articulan la película casi como fundidos a negro o signos de puntuación y, lejos de distanciar al espectador (como ocurría en Lucía y el sexo), aportan aún más verdad al tapiz.

Y en dicho tapiz, como si fuera el excelente cartel que para el filme ha realizado Ouka Leele, se nos muestran Anaya y Natasha Yarovenko, sorprendentes en sus matices, en sus reticencias, en sus miradas y en sus silencios. Porque ésta es una de esas películas en las que, si flaquea una interpretación, se cae la otra, y aquí ambas aguantan el peso de las casi dos horas sin titubear. Ayudadas, eso sí, por una exquisita elección de encuadres y movimientos de cámara (maravillosos los planos que abren y cierran la historia), una fotografía que esculpe en mármol los cuerpos y dibuja con sombras la habitación, y una breve pero inspirada intervención de un tercer personaje, Maximo, a cargo de Enrico Lo Verso. Entorpecidas (eso también) por una música fuera de lugar por reiterativa, y por el uso demasiado explícito de algún símbolo (la flecha en la bañera) en un rasgo de estilo del que Medem se resiste a prescindir: los momentos oníricos o mágicos que aquí se reducen a uno; pero uno que rompe momentáneamente el tono de la obra.

Rápidamente se recompone el director, por fortuna, y en un largo epílogo remata bellamente la historia de estas dos almas perdidas y nos hace abandonar la sala y la ciudad, porque al final de las escapadas Roma es, ante todo, una idea. Un lugar para perderse, pero también un espejismo.

Lo mejor: la relación que se establece entre las protagonistas, verdadero pilar de la película

Lo peor: el empleo de la música, reiterativo y fuera de lugar

Nota: ****

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