Categoría: Críticas | No hay comentarios | 12 febrero, 2010
Desde que la viera por primera vez en su estreno en Sitges, he tenido tiempo de sobra para reflexionar acerca de las virtudes y los defectos de esta más que solvente puesta de largo de Gabe Ibáñez como director.
Tanto la fotografía como la música vienen a reforzar la contundencia de la isla del Hierro como marco del drama, ajustándose al título y al desarrollo argumental, y subrayando el suspense, cuidadosamente dosificado al menos hasta mediar el metraje.
A esta arriesgada apuesta, Gabe Ibáñez ha tratado de desnudarla de ornamentos, razón por la cual los diálogos son más bien escuetos y los verdaderos protagonistas son los silencios, la isla con toda su rudeza (fantástica la labor de localización) y una Elena Anaya que a pesar de su atractivo carece de toda carga sensual. Todo un acierto esa naturalidad para el desarrollo del personaje.

Pocos son los géneros que no se hayan tratado en la cosecha del reciente cine español, pero desde luego el potente arranque del film, que coquetea magistralmente con el espectador y la originalidad del imaginario que retrata el director en algunos planos acuáticos (el agua está presente en todo momento como amenaza y liberación a la vez) hacen que sea un título muy interesante y recomendable para todos aquellos que quieran ver un cine diferente.
Lo mejor: el comienzo por su fuerza, y los planos oníricos que jalonan la película y que son puras emergencias del subconsciente de una madre sometida a una pérdida tan angustiante.
Lo peor: que el espectador se barrunta el final de la trama, un mal menor si tenemos en cuenta el resto de las virtudes con las que cuenta la película.
Nota: ***