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Invasión a la Tierra: Marines Vs Aliens / *

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Precedida de una intensa y engañosa campaña publicitaria que parece recoger el sabor añejo de la mítica serie Expediente X – los más maliciosos la verán más propia de Cuarto milenio – recopilando testimonios de avistamientos de objetos voladores no identificados en diversos rincones del globo (Argentina, Francia, Alemania, China, España…) a lo largo del pasado siglo XX, Invasión a la Tierra (Battle: Los Angeles, Jonathan Liebesman, 2011) toma como punto de partida una premisa interesante aunque no demasiado original: los casos documentados de avistamientos de OVNIS no eran más que misiones de reconocimiento del planeta Tierra, que iban preparando el terreno de cara a una invasión militar extraterrestre.

De hecho, su título original (“Batalla de Los Ángeles”) remite a un suceso acaecido en Los Ángeles durante la noche del 24 al 25 de febrero de 1942. En pleno estado de psicosis tras el ataque japonés a Pearl Harbor, extraños objetos -para unos posiblemente globos meteorológicos extraviados, para otros sin duda platillos volantes después ocultados por las altas instancias- surcaron el cielo de la ciudad esfumándose sin dejar rastro tras ser atacados por la artillería antiaérea estadounidense. Esta referencia, que ha permitido al filme arrogarse la disparatada coletilla de “inspirada en un hecho real”, cobra cuerpo en un vídeo promocional que incluye sorpresivas declaraciones de expertos ufólogos como Bill Birnes o Bruce Maccabee y en el que se dicen cosas tan tranquilizadoras como “Estos objetos han sido vistos a lo largo de la historia. No cabe duda de que estamos siendo visitados por algo que no entendemos” o “El número de avistamientos por mes ha subido y tienen tecnología que supera con mucho la nuestra. Van a asumir el poder, sin condiciones, nos eliminarán”.

¿Reciclar las atractivas teorías conspiranoicas de los Expedientes X con efectos especiales propios de una gran superproducción? Nada más lejos de la realidad. Narrada desde el punto de vista de un grupo de valientes y esforzados marines, Invasión a la Tierra solamente da cuenta de la dura batalla sostenida entre el ejército invasor y el ejército que defiende a la humanidad (esto es, el de Estados Unidos). Cine bélico y de acción a lo grande, propone un chute de adrenalina sin mayores pretensiones: una orgía de efectos especiales, explosiones, tiros y armas de todo calibre con valerosos marines que defienden y honran su bandera, marchando siempre hacia adelante al grito de “¡Retirada, y un cuerno!” mientras auxilian de paso a los civiles inermes, al tiempo que resuenan las notas de una grandilocuente y enfática banda sonora.

Nada más y, desgraciadamente, nada menos. Pues, pese a contar con un correcto reparto en el que destacan el siempre solvente Aaron Eckhart como héroe “a lo John Wayne” y secundarios como Jim Parrack (de la serie True Blood) o Michelle Rodriguez – de nuevo en el papel de latina “de armas tomar”, aunque bastante menos glamourosa que en la gamberrada de Robert Rodriguez, Machete (2010) – y con una dirección por parte de Jonathan Liebesman bastante eficaz, poco puede hacerse con una historia que hace aguas por todos lados. El pobre guion de Christopher Bertolini adolece de todos los topicazos posibles de lo más trasnochado y patriotero del cine de ciencia-ficción bélica made in USA, llegando a parecerse en (bochornosas) ocasiones a uno de esos publirreportajes que instan a los jóvenes a alistarse en los marines.

Invasión a la Tierra reivindica sin complejos el poderío militar y el espíritu combativo del ejército estadounidense. Como sucedía en las cintas sensacionalistas surgidas del clima de psicosis de la Guerra Fría, que externalizaban sus miedos al enemigo soviético en la forma de peligrosas amenazas extraterrestres, en esta superproducción la supervivencia del planeta estará, una vez más, en las (fuertes) manos de los Estados Unidos. En especial, Invasión a la Tierra bebe sin pudor del argumento del clásico La Tierra contra los platillos volantes (Earth vs. Flying Saucers, Fred F. Sears, 1956) – cuyo principal encanto reside en los efectos especiales diseñados por Ray Harryhausen – , actualizando lógicamente el aspecto de los artilugios alienígenas acorde con los nuevos tiempos. Exactamente lo mismito que hiciera en su momento Roland Emmerich en la infumable Independence Day (1996).

Lo mejor: los efectos especiales relativos a las escenas de destrucción.

Lo peor: los tediosos discursos patrióticos y los momentos pretendidamente emotivos.

Nota: *

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