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La víctima perfecta: mujer blanca, soltera y… acosada / *1/2

Categoría: Críticas | 2 Comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Tras reaparecer con el más que aceptable remake Déjame entrar (Let Me In, Matt Reeves, 2010) –si por aceptable se entiende fotocopiar con solvencia los logros del original sueco–, la mítica productora Hammer presenta como segundo título La víctima perfecta (The Resident, 2011), un thriller manido donde los haya protagonizado por Hilary Swank. Eso, si no contamos como válida la primera producción “oficial” de esta nueva etapa, Beyond the Rave (Matthias Hoene, 2008), una miniserie de veinte episodios estrenada en exclusiva en MySpaceTV y comercializada más tarde en DVD en forma de película. Esta cinta de vampiros de escasa trascendencia supuso, como dato reseñable, la penúltima aparición de Ingrid Pitt, la chupadora de sangre por antonomasia de la antaño prolífica Casa de los Horrores fallecida el año pasado a la edad de 73 años.

En cada ciudad, miles de mujeres viven solas. Ellas son… la víctima perfecta”. Estas poco tranquilizadoras palabras del cartel dan una idea muy clara de lo que nos vamos a encontrar después. Hilary Swank encarna a Juliet Devereau, una médica que, recién separada de su pareja (Lee Pace), busca un alquiler asequible donde rehacer su vida, tarea nada fácil en los tiempos que corren. Tras unos días de búsqueda infructuosa recibe una oferta irresistible: un apartamento de ensueño llevado por un casero ídem, el educado y atento Max (Jeffrey Dean Morgan), que encima parece hacerle tilín. Claro que, como sabe cualquier aficionado al terror, las gangas inmobiliarias no existen y en este caso el contrato de arrendamiento irá con acosador incluido.

Dirigida con elegancia por el finlandés Antti Jokinen, La víctima perfecta cuenta sin embargo con un guion muy poco sutil, escrito al alimón por Robert Orr y el mismo Jokinen. Deudora de todos los thrillers sobre “mujeres acosadas”, la película reproduce el esquema de trabajos como ¡Alguien me está espiando! (Someone’s Watching Me!, John Carpenter, 1978) o Acosada (Sliver, Phillip Noyce, 1993), construyendo su trama a partir de una colección de clichés ya demasiado vista en la gran y (sobre todo) pequeña pantalla: una mujer atractiva y emancipada, triunfadora en el ámbito profesional pero con evidentes deficiencias en su vida privada en forma de fracasos sentimentales, que vive sola, convirtiéndose por ello en el objetivo perfecto del obseso de turno. Una historia rutinaria en la que no faltarán el consabido juego del gato y el ratón entre víctima y acosador ni la típica escena de acecho en la bañera.

Eso sí, a diferencia de los dos ejemplos mencionados, en donde los edificios en los que se instalaban las víctimas eran considerados “ultramodernos” (al discurso de la incomunicación en las grandes ciudades se sumaba la amenaza de la tecnología aplicada al control del individuo o individua, como es el caso), la película de Jokinen se decanta por un escenario de corte más tradicional. Un viejo bloque de apartamentos de Brooklyn con solera que resiste enconadamente el paso del tiempo, repleto de recovecos oscuros y antiguos secretos –y es que, como dice el partenaire de la protagonista, “la tecnología parece consistir en airear los secretos más profundos” –. La creación de la atmósfera y la elección del reparto (a la doblemente oscarizada actriz se suma el gran Christopher Lee como estrella invitada) son los más notables (a la vez que escasos) aciertos de una película poco afortunada.

Lo mejor: La imponente presencia de Christopher Lee; a pesar de la brevedad de su papel, dota al filme de un toque de distinción. Los elaborados títulos de crédito del inicio.

Lo peor: Que parezca otro de tantos telefilmes de sobremesa con envoltorio inquietante.

Nota: *1/2

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