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Robin Hood: de Historia e historias / **1/2

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

Dice una vieja máxima periodística, que se usa normalmente de modo sarcástico, “no dejes que la realidad te estropee un buen titular”. El sarcasmo viene, lógicamente, de la honestidad que se presupone a un periodista, que debe anteponer la verdad a lo emocionante de su historia.

Pues bien, Ridley Scott se convierte esta vez en cronista de la Historia de Inglaterra, y trata de llenar de verdad las leyendas sobre el proscrito del bosque de Sherwood, en una suerte de “Hood Begins” que comienza con el arquero como soldado al servicio del rey Ricardo, y nos muestra cómo llegó a ser el bandido más buscado por Juan Sin Tierra y el Sheriff de Nottingham. Y lo hace con una grandiosidad exquisita, y unas interpretaciones no menos apreciables: Russell Crowe, Cate Blanchett y William Hurt sobresalen por méritos propios en este aspecto. Y la emoción está servida: al fin y al cabo, se trata de Robin Hood, ¡por Dios! O, al menos, eso creemos durante la primera hora y algo de película.

Pero pasa el ecuador de la cinta, y uno empieza a mirar el reloj, y a pensar “¿cuándo va a llegar lo bueno?”. Por “lo bueno” se entiende la formación de la banda de proscritos, el robar a los ricos para dárselo a los pobres, etc. Y ahí llega el gran problema de la película: que lo bueno empieza tras los créditos finales. Porque, más allá de excelencias técnicas (que las tiene) o agujeros de guión (que también, y varios, y gordos), lo que le falta a este Robin Hood es, precisamente, Robin Hood. No importa el (pretendido) rigor histórico, ése que, justamente, no tenía Gladiator. Al menos el peplum de la pareja Scott-Crowe ofrecía una historia dramáticamente intachable, sólida en sus personajes y emotiva, y emocionante. Pero Scott se dedica aquí a hacer lo opuesto que en aquélla: en lugar de vaciar a Roma de historicidad y llenarla de emociones, ahora vacía a Inglaterra de éstas últimas para llenarla de la primera.

Porque el cine no es periodismo. Y es que el director, igual que aquéllos que critican que en tal siglo aún no existían los lapiceros, o que en tal otro no sucedió determinada guerra, no entiende una cosa fundamental. Algo que sí sabía John Ford, que conoció de primera mano la historia real de Wyatt Earp y, sin embargo, en su película optó por retratar la leyenda.

Nunca dejes que la Historia te estropee una buena historia.

Lo mejor: la primera hora de metraje.

Lo peor: que Scott prefiera la historia a la leyenda.

Nota: **1/2

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