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Sucker Punch: un delirante y barroco cuento gótico a ritmo de videojuego / ****1/2

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Después de las deslumbrantes 300 (2006) y Watchmen (2009), que se sumergían en los tortuosos universos de Frank Miller y Alan Moore, el director Zack Snyder ha conseguido superarse a sí mismo realizando un delirante, fastuoso y abigarrado ejercicio de estilo en el que toca todos los palos posibles: terror, thriller, acción, fantasía heroica, ciencia-ficción e incluso musical.

Sucker Punch (2011) comienza con un esteticista y alucinado prólogo, ambientado en los años cincuenta pero más propio de un cuento de hadas de aire gótico, en el que se narra la triste historia de una chica llamada Baby Doll. Amenazada por su malvado padrastro, es recluida por este en un siniestro sanatorio mental llamado Lennox House, en el que le aguarda un horrible destino: ser lobotomizada. Tras esta corta presentación –en la que resuena de fondo la música de Sweet Dreams, cantada originalmente por Annie Lennox–, se escenifica la dura lucha de Baby Doll por escapar del manicomio antes de que llegue el médico que practica las lobotomías. Pero para ello será vital la ayuda de otras cuatro pacientes, compañeras de penurias: Amber, Blondie y las hermanas Sweet Pea y Rocket.

La actriz australiana Emily Browning (a la que veremos en el futuro como una oscura y erotizada Bella Durmiente en una versión muy libre del cuento, dirigida por Julia Leigh y todavía no estrenada) es la encargada de meterse en la piel de la desdichada protagonista. Su compatriota Abbie Cornish, que ya había trabajado a las órdenes de Snyder en Ga’Hoole: La leyenda de los guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga’Hoole, 2010), encarna a la prudente Sweet Pea. Jena Malone interpreta a su hermana rebelde Rocket, Vanessa Hudgens a Blondie (pese a su pelazo negro) y Jamie Chung es Amber. Otros nombres que se barajaron en el casting para formar parte del quinteto protagonista fueron los de las actrices Amanda Seyfried, Evan Rachel Wood y Emma Stone. El reparto está completado por notables secundarios: Gerard Plunkett como maquiavélico padrastro, Carla Gugino (el Espectro de Seda inicial de la película Watchmen) es la psiquiatra del manicomio y Oscar Isaac hace las veces de malísimo villano. El veterano Scott Glenn y el elegante astro de la televisiva “Mad Men” Jon Hamm, deslumbran en sus breves pero imprescindibles apariciones.

La realidad es una prisión. Tu mente puede hacerte libre”. El director lleva al extremo estas frases del tráiler de Sucker Punch hasta extremos inimaginables. El guion de la película, basado en una historia del propio Snyder y elaborado en colaboración con Steve Shibuya, le sirve de excusa para embarcarse en un arriesgado proyecto que conjuga aparentes realidades con enloquecidas fantasías. Así, de unos improbables años cincuenta, el espectador saltará a un extraño mundo alternativo surgido de la mente de la protagonista. La mirada transtornada de Baby Doll transformará el sucio manicomio donde se halla encerrada en un extravagante y opresivo burdel en el que, bajo la estricta batuta de la madame Gorski (que no es otra que la doctora del sanatorio), las antaño pacientes deben combinar su rol de esclavas sexuales con el de divas del burlesque.

Pero esto no es más que el principio. El intento de fuga de la protagonista, que adquiere el cariz de un videojuego de ritmo vertiginoso, implica la obtención de cinco objetos, lo que se traduce en una serie de peligrosas misiones. Pero estas, en virtud de la imaginación exaltada de Baby Doll, tienen lugar en universos paralelos que permiten a Snyder hacer gala de un barroquismo si cabe más desatado. Dragones escupidores de fuego, ejércitos de cyborgs, zombis nazis animados con vapor, samuráis de tamaño colosal, dirigibles de la II Guerra Mundial, guerreros orcos… nada parece suficiente en este impresionante mejunje formal y conceptual de espíritu pop, definido por su autor como “Alicia en el País de las Maravillas con armas automáticas” y que incluye referencias al anime y al steampunk sin olvidar los evidentes homenajes a las influyentes trilogías Matrix de los hermanos Wachowski y El señor de los anillos de Peter Jackson.

Entre la ensalada de géneros que componen la película se encuentra por supuesto el terror. No en vano se desarrolla en una institución mental, escenario privilegiado del género acometido en sus múltiples variantes, desde los antiguos manicomios hasta los más modernos sanatorios mentales, pasando por los centros psiquiátricos penitenciarios y las clínicas de rehabilitación. Lugares sobre los que planean numerosos demonios interiores (la locura, la enfermedad, las adicciones, los traumas, los delitos a veces inconfesados) que se solapan con la ominosa amenaza de la pérdida de la identidad a merced de las drogas, las terapias de electroshock o procedimientos quirúrgicos como la lobotomía.

Justamente en un manicomio es donde arranca la acción de una de las principales influencias de Sucker Punch: el videojuego American McGee’s Alice, una peculiar relectura de la obra de Lewis Carroll ambientada años después de que la tierna niña viviera sus mágicas aventuras en el País de las Maravillas y al otro lado del espejo. Desarrollado por Rogue Entertaiment y lanzado por Electronic Arts para PC en el año 2000, este oscuro juego está protagonizado por una Alicia que, traumatizada por la muerte de su familia, está internada en un psiquiátrico. Cuando el conejo blanco requiera de nuevo su presencia, el mundo de las Maravillas cobrará un cariz retorcido y macabro, en justa correspondencia con la visión deformada que la propia Alicia tiene de sí misma. Durante largo tiempo, se rumoreó una posible adaptación cinematográfica con Sarah Michelle Gellar como protagonista. Si bien este proyecto sigue en suspenso, la estética tétrica de American McGee’s Alice influyó poderosamente en la Alicia en el país de las Maravillas (Alice in Wonderland, 2010) de Tim Burton. Lo que sí es seguro que llegará es la esperadísima secuela del videojuego, que será lanzada en junio de este año para PC, Xbox360 y PS3 con el título Alice: Madness Returns.

Dentro del apabullante entorno de Sucker Punch, brillan con luz propia las explosivas protagonistas, especialmente la dulce e ingenua Baby Doll, que comparte nombre con el personaje que fuera interpretado por Carroll Baker en la polémica Baby Doll (Elia Kazan, 1956), una especie de “Lolita” sureña salida de la pluma de Tennessee Williams años antes de que este término formara parte del imaginario popular. Pero, al contrario que su tocaya, la Baby Doll ideada por Zack Snyder también es una increíble luchadora. Sucker Punch bucea por las diversas tendencias del “look Lolita” –punk, gothic, sweet y un largo etcétera–, originarias de Japón, caracterizando a las veinteañeras protagonistas de modo aniñado y sexy pero también tremendamente combativo. Un estilo ya explotado por Quentin Tarantino en Kill Bill: Vol. 1 (2003) en la figura de la asesina yakuza vestida de colegiala y que en Sucker Punch se eleva al paroxismo.

Mención especial merece la música de la película, en la que conviven temas como el Army of Me de Björk con piezas clásicas como el Réquiem de Mozart, aderezando el conjunto con llamativas versiones compuestas por Tyler Bates y Marius de Vries. Este último participó como compositor en el rompedor musical Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), con el que Sucker Punch guarda unas cuantas similitudes, además de los gustos por el reciclaje musical y por la estética del burlesque. Pues en Sucker Punch, al igual que en Moulin Rouge, la música no solo contribuye a crear esa atmósfera recargada, sino que también es una pieza fundamental de su raigambre narrativa. Algunas de las canciones versionadas en la banda sonora son Search & Destroy de Iggy Pop, Tomorrow Never Knows de los Beatles o Love Is the Drug de Roxy Music, siendo unas pocas, como Sweet Dreams (Are Made of This) de Eurythmics y Asleep de The Smiths, interpretadas por la misma Emily Browning. Y cómo no, también se incluye una versión de White Rabbit, el famoso guiño a la Alicia de Carroll en clave psicodélica efectuado por Jefferson Airplane.

 

Lo mejor: Su abigarrado y fascinante pastiche formal, su espíritu abiertamente kitsch y su provocador lenguaje propio del videojuego.

Lo peor: Las virtudes mencionadas anteriormente, que alejarán a los espectadores más clásicos.

Nota: ****1/2

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Sucker Punch: un delirante y barroco cuento gótico a ritmo de videojuego / ****1/2, 5.0 out of 5 based on 1 rating

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