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Verano del 86: La historia interminable : metatextualidad elevada a la 5ª / *** y 1/2

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

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La Nada con mayúsculas es el “malo” de la película. Un malo, de hecho, de lo más nihilista, que se abre camino y está al borde de destruir el magnífico reino de Fantasia y solamente es un niño humano el que puede salvar a sus particulares y mágicos habitantes de una aniquilación total. La confluencia y entretejido entre una realidad física palpable y la misma fantasía de la pantalla no se irguió de manera tan poderosa desde que los niños humanos ayudamos con nuestra fe y palmas a Campanilla a revivir en Peter Pan. Y es que, al igual que en Peter Pan los niños tenían que tener la voluntad de creer, La historia interminable forja un vínculo igual de estrecho con su público y es que aquí los espectadores son parte fundamental del desenlace. Puede parecer que ahora toda la interactividad está superada en el mundo del audiovisual infantil, pero en estos dos loables casos, nos estamos enfrentando a verdaderas pioneras que marcaron escuela y abrieron un camino de posibilidades. Sin embargo, como niño “moderno” Bastian es escéptico al principio. Se niega a creer que él pueda ser el protagonista de su propio libro, que él pueda modificar el rumbo de las historias a su alrededor. Al igual que nosotros como espectadores, muchas veces nos negamos a creer que lo que estamos viendo, pueda requerir mucho más de nosotros para crear algo en nuestro interior.Pero sabemos que en esta oda al hecho de contar historias, los creadores (desde Ende hasta Petersen) nos están pidiendo a gritos lo que otros susurran: da un salto de fe, espectador. Tienes que creer. Así, la magia inicial se establece en la inmersión de cada espectador dentro de la propia realidad física de ese personaje débil, escéptico, maltratado e inteligente. Alusiones al espacio exterior crean esa ilusión de la omnipresencia de un demiurgo tan simple y complejo como un niño burlado en la clase de gimnasia. Una vez que la historia nos gana en el plano terrenal, estamos vendidos en el plano de la fantasía y no nos queda otra que dejarnos llevar y creer con todas nuestras fuerzas.

Pero, esta metatextualidad solamente se consigue de una manera pura y asombrosa en la novela de Michael Ende y es que nos adentraremos en más capas espacio-temporales que en una película de Nolan de las difíciles. Nosotros, como humanos espectadores, somos el primer eslabón de la pirámide mientras leemos un libro sobre un niño humano, Bastian, que a su vez está leyendo un libro, (segundo bloque piramidal) y en ese libro que sería la base de nuestra pirámide, se alude a la segunda capa (Bastian) e incluso a la primera, nosotros.

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Mientras la mayoría de las películas de aventuras solamente se centrarían en el reino de Fantasía, la clave de La historia interminable es que se centra, contra todo pronóstico en Bastian.El juego contrario, en muchos casos,es una solución interesante pero menos novedosa como es el clásico y genial ejemplo de La Princesa Prometida.En ella, El pequeño Fred Savage y su abuelo Peter Falk son una apoteósica excusa para contar la historia que realmente importa, la de Westley y Buttercup. Sin embargo, se tiene mucho cuidado en este caso en que exista un ligero arco de transformación de personajes y que la “excusa” se convierta en parte del fondo de la película.

Mención aparte merece la ambientación y los efectos visuales, que recuerdan a Cristal oscuro y de los que mucho tienen que envidiar algunas otras películas de la época. Si bien, quizá no en tanta destreza o medios como los actuales, sí en inteligencia en su uso y es que nunca jamás unas marionetas habían formado unos personajes secundarios tan bien construidos. Tanto, que pese a que a un espectador moderno le puedan rechinar las retro-proyecciones del fondo o las animaciones, siempre, en este caso, se olvida de todo lo técnico y se centra en la magia de la historia como tal. Aunque el Come-piedras sea irreal, la magia de la tridimensionalidad de las marionetas nos ayuda a percibirlo con volumen y una presencia real, muy parecida a la presencia física y profundidad de los protagonistas de carne y hueso de la cinta. Eso sí es una tridimensionalidad y no lo que nos pretenden vender ahora. Personajes imposibles inspirados en Alicia en el país de las maravillas o que, a veces, guardan semejanzas con los auténticos Muppets apoyan una dirección de arte de las más imaginativas hasta la fecha.

Recapitulando, nos enfrentamos a uno de los libros más ingeniosos e inquietantes y por ende, una de las películas más imaginativas que nos dio la década. Puesto que, aparte de que algunos pequeños detalles soporten menos el paso del tiempo,  su pura metatextualidad y sus alusiones a diferentes realidades no te deja más que la opción de pensar que habrá otra persona, por encima de ti, espectador, lector, viendo en este momento un libro acerca de tu vida y así sucesivamente. Esa es la clave de la imaginación y del hecho antiguo e inherente como el aire de contar historias. Y es que al fin y al cabo, esa es la mejor historia interminable a la que podemos acudir los humanos. Y así, seguiremos acudiendo una y mil veces a las historias, para salvar nuestra propia realidad de esa Nada existencial que siempre nos acecha y tanto amenaza con destruirnos.

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