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X-Men. Primera generación: mutantes en tiempos revueltos / ****

Categoría: Críticas | No hay comentarios | Escrito en por Lola Clemente Fernández

Antes de ser el Profesor X fue Charles. Antes de ser Magneto fue Erik“. Tal y como promete el tráiler, X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, 2011) acomete con mucha garra y poderío visual el pasado de estos dos personajes clave en el Universo Marvel en general y en los cómics de X-Men en particular. Un pasado rebosante de épica en el que un grupo de jóvenes mutantes –entre los que se cuenta la emblemática Mística, encarnada por Jennifer Lawrence– deberán tomar conciencia de sí mismos, aprender a aceptar sus peculiaridades y a controlar sus poderes mutantes, en un proceso de madurez y despertamiento a veces traumático. Como traumática será la compleja relación entre Charles y Erik, cuyas diferencias ideológicas irreconciliables serán el origen de la futura bicefalia en el liderazgo mutante, aunque siempre quedará un poso de afecto y respeto mutuos. No faltarán en este duro camino terribles villanos, que habrán de poner a prueba tanto a nuestros superhéroes como a la humanidad en su conjunto, papel que recae en el malvado Sebastian Shaw (Kevin Bacon) y su grupo de secuaces, en el que destaca la exquisita pero letal Emma Frost, una mujer de diamante interpretada por la guapísima January Jones.

Pero esta superproducción no se trata de una mera precuela destinada a despejar incógnitas, sino que pretende devolver el brillo a la saga cinematográfica, bastante deslucida tras las mediocres X-Men. La decisión final (X-Men: The Last Stand, Brett Ratner, 2006) y X-Men orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, Gavin Hood, 2009). La dirección de este nuevo comienzo de la franquicia ha recaído en Matthew Vaughn, con cuatro títulos en su haber: Layer Cake (2004), un reseñable thriller protagonizado por Daniel Craig, el filme de fantasía Stardust (2007), que llevaba a la pantalla la novela homónima escrita por Neil Gaiman e ilustrada por Charles Vess, y la comedia negra de superhéroes Kick-Ass. Listo para machacar (Kick-Ass, 2010), adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr.

Sin embargo, esta declaración de intenciones en ningún caso ha implicado una ruptura argumental con las películas previas, pues el alma máter del proyecto no es otro que Bryan Singer, director de las dos primeras entregas. Productor de esta nueva incursión en la franquicia, Singer también ha sido coautor, junto con Sheldon Turner, de la historia en la que se basa el filme –posteriormente guionizada por Ahsley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman y el propio Vaughn–, si bien rehusó dirigirla por problemas de agenda. Una circunstancia como poco afortunada, pues la potentísima dirección de Vaughn es uno de los muchos aciertos de un filme espectacular, que incursiona con madurez y evidente talento en el Universo Marvel.

Como viene siendo habitual en esta franquicia, X-Men: Primera generación se toma muchas licencias con respecto a los cómics, dando una visión propia de los hechos y de sus protagonistas aunque sin desdeñar la esencia del original. La película reinventa la mitología mutante dando forma a una ucronía que cobra entidad propia tomando dos fechas a modo de jalones históricos: 1944 y 1962. Al igual que sucediera con la primera película dedicada a la patrulla X, estrenada en el año 2000, la acción de X-Men: Primera generación arranca con un intenso prólogo que da cuenta del momento más traumático de la vida de Erik Lehnsherr, el futuro Magneto, aquí un niño judío (Bill Milner) que sufre en propia carne los horrores de la II Guerra Mundial. El paso por los campos de concentración nazis dejará en el alma del poderoso personaje una mancha tan indeleble como el número de serie tatuado en su brazo, prefigurando su posterior papel de villano.

Tras una breve incursión en la infancia de los dos protagonistas, la acción aterriza en plena era Kennedy (un año antes de que Stan Lee y Jack Kirby presentaran por primera vez a sus personajes), una época de luces y sombras en la que el sueño de una nueva América convivió con la amenaza del Armaggeddon nuclear, más cercano que nunca debido a la crisis de los misiles de Cuba. X-Men: Primera generación busca su razón de ser en las contradicciones inherentes al contexto histórico en el que se desarrolla, marcado –en palabras de Singer– por “el apogeo del movimiento por los derechos civiles y la Guerra Fría. Ambos aspectos de ese período proporcionaban una extraordinaria oportunidad de analizar los sucesos que iban a dar lugar a nuestro mundo moderno”. Las luces y sombras de la década de los sesenta se verán reflejadas en sus dos actores fundamentales, Charles (James McAvoy) y Erik (un estupendo Michael Fassbender), el primero un brillante doctor procedente de una familia adinerada y el segundo un hombre que ha experimentado en primera persona las terribles consecuencias del temor y los prejuicios hacia lo que se considera diferente. Mientras que uno sueña con la integración pacífica, el otro –harto de su papel de víctima– piensa que la mejor defensa es el ataque, una oposición en la que se hace patente el paralelismo entre el Profesor X con Martin Luther King y entre Magneto y Malcom X, sin olvidar por ello el subtexto gay o la denuncia de la exclusión de los inmigrantes, tan presentes en la trilogía anterior.

Lo mejor: que supera claramente a la entrega inicial, la mejor de la saga (hasta ahora). La fuerza que Michael Fassbender imprime a Magneto, que consigue hacer que nos olvidemos del icónico Ian McKellen. Las tribulaciones de una joven Mística, acomplejada por su aspecto físico.

Lo peor: que el cambio de equipo y reparto aleje a los espectadores encariñados con las películas de Bryan Singer.

Nota: ****

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