Categoría: Cine, Críticas | No hay comentarios | 28 enero, 2012
Otro remake. Pese a que esto sea lo que se va a oír estos dias en las puertas de los cines, la expresión no es la correcta. El éxito cosechado por Millenium es ya conocido por todos. Tanto el de las novelas originales como el de sus adaptaciones cinematográficas/televisivas suecas. Poco sorprendente fue la noticia de su remake americano.
De buenas a primeras las condiciones no parecen evocar optimismo, pero algo sobresale en esta ecuación: David Fincher se encarga de dirigirla. Eso supone un giro de 360 grados al proyecto, pues con tamañas obras como Se7en o El Club de la Lucha a sus espaldas, la cosa cambia y el viento parece ponerse a favor de Millenium. Y así ha sido. Fincher consigue hacer una gran película de la gélida novela de Steig Larsson. Oscura y maléfica, adjetivos que nunca han desentonado con su cine.
El argumento a estas alturas es algo ya conocido. La imagen y vida del director de la revista Millenium: Mikael Blomkvist (Daniel Craig) se ven perjudicadas por las acusaciones de difamación que recaen contra él. En tal momento, recibe la llamada de Henrik Vanger, el cual le pide que escriba un libro que retrate su carrera empresarial, lo cual no deja de ser una tapadera para que Blomkvist investigue la muerte y desaparición de Harriet, su sobrina, 40 años atrás. A esta investigación se acabará uniendo la singular y controvertida Lisbeth Salander (Rooney Mara), una chica de marcado aspecto Punk. Hacker profesional, y fria como la nieve que cubre la isla de Hedestad.
Y esa es la clave: Lisbeth Salander. El alma y el corazón de la saga Millenium. Pues pese a ser Bloomkvist el protagonista, Salander es quien acabará llevando el peso del relato.
El personaje es tan desagradable frente al mundo como atrayente. Y justamente es esta atracción, la que hace especial a Millenium, pues su trama, pese a lo interesante, no es ninguna novedad.
Por eso, uno de los aspectos mas importantes, y que a muchos mas preocupaba, era como Fincher afrontaría la creación de la nueva Lisbeth, para la cual eligió a Ronney Mara (con la que ya trabajó brevemente en la fantástica La red social). Y el veredicto frente a esta es rotundamente positivo. Si bien la Lisbeth de la adaptación sueca no era nada desdeñable, si que es verdad que en algún momento podía resultar forzada, (no nos equivoquemos, Noomi Rapace hace una genial interpretación) además de recibir menos profundidad en el guión de la que merecía.
Y esto lo confirma esta nueva versión, pues el remake opta por acercarse mas a Salander, afrontando con ello decisiones difíciles, ¿y por que no? Peligrosas. Pues nos muestra a una Lisbeth mas oscura, mas distante, y en el fondo mas real. Tan real que la carga de crítica social que Rapace debió llevar en su momento, pero quedó desdibujada, nos llega ahora. Mara provoca una incomodidad en el espectador que se hace mucho mas presente esta vez. Con la que puede incluso llegar a desaparecer la complicidad con este. Pero que nadie se alarme, Fincher es muy listo, no vamos a echar a perder el alma de la película.
Sin embargo, esto no hace mas que ayudar a que el trasfondo que luego se nos dará a conocer sea mucho mas creíble, amén de hacer el epílogo mucho mas creíble, y a la vez dramático. Todo esto no sería posible sin este nuevo aspecto, mas urbano y a la vez mas desaliñado que se ha optado por darle a esta nueva Lisbeth, y por supuesto, sin que Ronney Mara le aportase esa inexpresividad y capacidad de cerrarse herméticamente al mundo que tan bien ha sabido plasmar. Para recordar.
Por desgracia, esto ensombrece el personaje de Blomkvist, el cual acaba despertando un interés muy minoritario. Y esto no viene dado por una mala interpretación de Daniel Craig, pues lejos de estar soberbio, está mas que correcto. Incluso aporta humor y hasta un punto ternura en algunos momentos. Lo cual no es algo que enganche especialmente con él, pero si con Blomkvist.
Pese a todo esto, que no sufran los aficionados, pues argumentalmente estamos hablando de casi la misma película, que consta de la mayoría de secuencias de la versión de Arden, pese a introducir cambios. Suprime y añade algunos elementos, lo cual la hace mas comprensible, respetando la esencia y los orígenes. Es mas, pese a ser las dos versiones de duración parecida, rondando las dos horas y media de metraje, Fincher consigue acelerar el ritmo de su cinta, manteniendo la tensión, pero aligerando la posible sensación de pesadez. De hecho, la película pasa volando, a una velocidad realmente sorprendente para su minutaje.
Y es que como era de esperar, el director consigue que la película rebose buen cine por los 4 costados. En todos sus aspectos, y aprovechando todas las posibilidades que este nos ofrece. Desde la composición de planos (ojo a la presentación de Salander, ésta vez sí), hasta la estructuración del guión, haciéndonos mucho mas apetecibles elementos ya conocidos.
Que se maneja como ninguno tras la cámara es un hecho. Y pese a saber adaptarse perfectamente a los géneros, también es verdad que el genero de Fincher es el thriller, en el cual se mueve con total comodidad y control. Y eso nos quedó grabado a fuego en Se7en, a la cual esta es cercana en algunos aspectos, pese a no llegar a niveles tan oscuros ni macabros.
Teniendo en cuenta esto, es como mínimo curioso, que las escenas mas fuertes, ya sea por violencia o por lo explícitas, que no son pocas, se queden a un nivel igual al de su predecesora. Para nada tienen poca fuerza, pero es exactamente la misma que ya habíamos visto, en este caso. Tal vez las expectativas aquí nos jueguen una mala pasada, ya que todo en la película parece haberse acentuado, y posiblemente aquí ni fuese necesario, ni hubiese que hacerlo.
Esta destreza de la que hablamos nos queda clara desde el inicio de la película, pues tras una muy breve secuencia de introducción, entran los créditos, que quedarán también para el recuerdo y son absolutamente dignos de destacar. A ritmo de la versión de Inmigrant song de Led Zeppelin, que nos trae Trent Reznor, entraran imágenes de lo más oscuras e industriales. Movidas por un montaje ágil, y por qué no, totalmente videoclip, que ya es lo que le va al fin y al cabo. La combinación de elementos los hacen una delicia, presagio de lo que se nos viene encima. Memorables.
Y como ya se demostró en La red social, el tándem Reznor-Ross-Fincher funciona de maravilla. Millenium no hace mas que confirmar esto, pues la banda sonora es tan ambientalmente desconcertante y tenebrosa como bella. Consigue fusionarse por momentos con el sonido ambiente diegético de la película, entrando en nuestra cabeza de una manera tan natural que hasta asusta. El drama y la tensión se acentúan por momentos y uno no sabe ni como ha sucedido. Una maravilla. Por cierto, ojo al guiño a Nine Inch Nails, grupo de Reznor, en la película, muy bien traído.
Por tanto, y pese al escepticismo que de buenas a primeras causan (con razón) los remakes, Fincher ha conseguido algo difícil. Ser fiel, pero a la vez renovar y hacer algo personal. Demostrando además, y como de costumbre, una confianza ciega en el espectador que, como nos tiene acostumbrados, es de agradecer. Al fin y al cabo, un Remake de una adaptación literaria concebida como TV movie pero estrenada en cines no acaba de ser el perfil de la copia al uso. Remake necesario no sería el termino, si no mas bien excusable, pues no se le puede culpar de copia.
Podríamos entonces considerar, que es ahora cuando, por fin, el cine llega a la saga Millenium.
Lo mejor: Fincher & Mara. La dirección es una joya, y la nueva Lisbeth una maravilla.
Lo peor: Que el público la verá como el simple remake americano.
Nota: **** (sobre 5)