Categoría: Cine, Críticas | No hay comentarios | 29 enero, 2012
Hace algún tiempo donde ya ha ido cobrando forma una era donde el espectador medio no se conforma con cualquier cosa. Hoy día presentaríamos en la pantalla una cinta con el estilo de La jungla de cristal, y el público y la crítica la rechazaría por ser únicamente gatillo fácil y entretenimiento barato sin búsqueda profunda de un mensaje. Esto lo sabe tanto Tom Cruise como su equipo. Y si este actor al fin ha descubierto que el mejor papel que puede interpretar es el de héroe de acción al límite, habrá que reinventar un poco el estilo al que nos tiene acostumbrados.
Esto es lo que pasa con Misión Imposible: Protocolo Fantasma. Este hombre ya tiene una edad, por lo que sus (ya recordadas hasta la saciedad) escenas de acción vertiginosa no pueden llegar al mismo nivel al que nos tiene acostumbrados. No por ello deja de lado el ser el máximo protagonista sin dobles de riesgo o de caras bonitas a la hora de desenfundarse el papel del agente del FMI Ethan Hunt de la cartuchera.
Porque sí, amigos, Ethan Hunt vuelve, pero de un modo que no nos tiene acostumbrados. Si con De Palma vimos el guiño directo en un matrimonio bien hecho entre el cine y la serie de TV, con Woo apreciamos la acción en estado puro, y con Abrahms fue el valor humano el que entraba en juego, en esta ocasión había que buscar otro mensaje que ofrecer. Y es que Brad Bird, a pesar de haberse centrado en dirigir únicamente cintas de animación (Los Increíbles) ha conseguido algo que a muchos pudo sorprender en sus butacas, que la gente se ría en una peli de acción.
Pero tranquilos, no es reír por no llorar. Guiones con diálogos muy bien logrados (magistrales las interpretaciones de Jeremy Renner y Simon Pegg), detalles de fallos mecánicos en el argumento (mejor que lo veáis por vuestros propios ojos que gadgets fallan en el peor momento) o una estupenda banda sonora a cargo de Michael Giacchino, son solo unos pocos de los ingredientes de esta estupenda receta de acción de nuestros días.
Ciertamente hubo que ingeniárselas para obtener una continuidad desde el anterior film a éste, detalle que se agradece, ya que hasta la fecha, ninguna de las películas de la saga venía unida entre sí más que por el actor principal y su personaje. Pero el modo de hablar del pasado, de los hechos, los implicados, y el proceso que hubo desde entonces, lo hace muy atractiva a ojos vista.
En cuanto a los escenarios, en esta ocasión se ven algo más limitados. Si en el caso de las dos primeras, podíamos estar en Kiev, Londres, Sidney, Sevilla, Utah o cualquier otro punto del globo, en esta ocasión se nos presentan dos más marcadas: Dubai y Moscú. Y aunque pueda parecer poca cosa, se aprovechan los escenarios de un modo bastante notable y aceptable, ya que desde lo más lujoso del lugar, hasta el barrio más pobre puede llegar a entrar en escena.
Pues sí, vuelve Hunt, pero lo hace con toques de humor y sonrisas al público, aunque acompañado de una dosis justa de acción, no tan grande para aburrirnos ni tan pequeña para dejarnos insatisfechos. De ese modo, nos entrarán ganas de más.
Lo mejor: la escena de la prisión al principio, al ritmo de Dean Martin
Lo peor: que un carismático ya habitual de la saga como Ving Rhames haga solo un breve cameo
Nota: ***1/2 (sobre 5)