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Marchando una de vampiros de pueblo de Autor

Categoría: Artículos | No hay comentarios | Escrito en por Juan Pérez de la Torre

En estos tiempos de Edward Cullen en los que vivimos, en los que se paga 500 euros de reventa por ver al “amigo” diez minutos en un evento gratuito en Vista Alegre, el populacho desarrolla mono vampírico. De lo que sea que tenga colmillos. Y ya que Crepúsculo tiene su target muy cerrado y definido, nos toca buscar en otro sitio.

Gracias al cielo, o al infierno, la alternativa viene de la mano de Allan Ball, ese auténtico monstruo que nos dejó de piedra con A dos metros bajo tierra. Ese visionario que juega tan bien la baza de “lo autoral” y apasionar al pequeño o gran público que lo soporta. Porque a Allan Ball, igual que a Bryan Fuller (Tan muertos como yo), hay que soportarlos. Si no entras en el juego, básicamente como en cualquier pieza audiovisual, estás perdido. Lo que pasa es que entrar en el juego con estos chicos muchas veces resulta más complicado. Hay que reconocerles en su peculiar ritmo, a veces lento, muy lento, su retorcimiento de tramas, sus personajes definidos al detalle sublime, sus provocaciones a bocajarro y su ambiente sucio y podrido. Vamos que la paciencia está servida. Y en el caso de Allan Ball en True Blood esto se agudiza: el que busque una de vampiros sentados hablando, principalmente, estará en su salsa. El que no, comprendemos que buscando vampiros querrán algo más de lío, que salga despavorido. Y acción no le falta, intriga tampoco, misterios y asesinatos, pero son sus metáforas tan inteligentes y su poder visual los que enamoran.

True blood es para la audiencia lo que el gran cine español es al público: esa joyita pequeña e incomprendida que bien engancha a 1000 como engancha a uno solo. Y al que engancha, el resto de su entorno le mira ojiplático y le dice: “¿Cómo ves eso?, ¡Tú estás enfermo, tío!.”

Pero es que a Allan Ball, los vampiros le dan exactamente igual y ha utilizado los libros de Charlaine Harris para pincelar cuatro personajes. El resto del mundo de True Blood, lo va creando desde cero, superando muy mucho a la historia escrita. No obstante,siendo de por sí los libros muy entretenidos, consigue convertir su historia en una denuncia social a gritos soeces. Muy criticado por los fans de los libros, por cierto, por su inexactitud adaptadora (algo que nunca llegaré a comprender, si quieres  el libro léelo, ¿por qué repetir todo 20 veces en diferentes soportes?). Ball selecciona lo mejor de los libros y crea su particular mundo de mentes enfermas y catetos entrañables. Y la Harris está encantada con todas sus modificaciones, pasándoselo en grande con sus cameos en el bar Merlotte´s.

El asunto es el siguiente: los japoneses inventan la sangre sintética, llamada True Blood, para las operaciones y transfusiones, lo que desencadena que una gran colectividad de los vampiros salga “del armario”. Así, haciendo una aparición masiva en los medios de comunicación, pueden lavar su imagen de asesinos natos por su supervivencia pura y dura.Se convertirán así en unos ciudadanos más, con derechos y deberes. ¿o no?.

Ball escoge vampiros porque facilita la plasmación  del concepto “outsider”, algo marginal en una sociedad humana, pero lo mismo daría si fueran zombies o extraterrestres. Dan más juego los vampiros, porque al ser tan parecidos físicamente a la “gente normal” es más fácil confundirlos( no brillan). Se nos habla de la “gente normal” siempre con comillas, a lo Tim Burton, porque de lo que Ball nos quiere hablar es de esa gente que no encaja en la sociedad, tan similares y a la vez tan diferentes a los demás.De la “anormalidad de lo normal” en las sociedades supuestamente modernas y abiertas. Esto hace que al diferente se les excluya vilmente: ya seas negro, gay o vampiro en la Lousiana más profunda serás “crucificado”. Además, al escoger un lugar perdido como el imaginario pueblo de Bon Temps, de poquísimos habitantes, los reparos hacia lo nuevo son más evidentes que si se selecciona una ciudad cosmopolita. La intención no se esconde desde el primer capítulo. Tara, una de las protagonistas negras de la serie, afirma: “Han llegado vampiros a un pueblo en el que todavía se mira mal a los negros”.Y ya si eres negro, gay, medio yonki y traficas con sangre de vampiros, apaga y vámonos. El personaje de Lafayette, corre una suerte muy diferente en el libro que en la serie, dando momentos impagables.

Pero no solamente Ball habla de los outsider de rabiosa actualidad en nuestra sociedad, él busca culpables, el por qué. Y como buen artista, no intenta darnos la respuesta, si no hacernos reflexionar sobre la pregunta y sacar nuestras conclusiones.

Es por eso que el tema fundamental de True Blood es la integración, el peligro del fanatismo incontrolado y ese tipo de peligrosas adicciones que nos llevan a destruir lo que no concuerda con nuestros métodos.Entran en juego el fanatismo religioso “ultracatólico”, el fanatismo sectario puro, el fundamentalismo teológico, el fanatismo a las drogas de diseño, el fanatismo de la incultura o el fanatismo por el sexo enfermizo.El fanatismo al fin y al cabo de seguir impulsos, sin racionalizar, sin pensar, de matar en una guerra porque nos lo mandan sin plantearse jamás las consecuencias (a veces, literalmente). Son todos esos fanatismos de la sinrazón son los que minan la integración y la convivencia en paz.La fe ciega cuestionada constantemente.

La integración,a su vez, tiene aquí un doble filo.Se apunta que no son todos los casos culpa del que margina, sino en parte del que no hace nada por integrarse, viviendo aislado en sus ghettos, manteniéndose oculto, trapicheando.Regocijándose en su condición y marginándose más de esta manera.

Claro, esto con colmillos, y miles de bichos sobrenaturales. Con fundamentalistas religiosos prohibiendo el matrimonio de humanos-vampiros como algo antinatural, con adictos consumidores de sangre de vampiro como la droga más cool, o con los fang-bangers, seguidores que se sacrifican en cuerpo y alma por sus “amos” vampiros. Y luego el Vaticano se asusta con Harry Potter, cuando vean esto es síncope asegurado.

Así, el complementado trío amoroso protagonista, desempeña cada una de las visiones sobre esta situación a la perfección: Bill, (Stephen Moyer) el vampiro enamorado, un Jack de la vida que lucha por su aceptación y reinserción en paz de la sociedad. Eric,(Alexander Skärsgard) el vampiro magnético, violento y de buen fondo, muy en el fondo.Un Sawyer que, no sólo no pretende integrarse por considerarse superior al común de los mortales, (nunca mejor dicho) sino que, delinquiendo si es necesario se aprovechará de los demás. Y Sookie (Anna Paquin) una Kate más de pueblo que las amapolas, en el sentido más maravilloso de la palabra: la ingenuidad, la ternura y la apertura a lo nuevo sin miedo  .Con  la naturalidad y con la fascinación de un niño.Pero, sobre todo, un profundo amor al diferente, al desterrado. Mención especial entre otros merecen el eterno amigo Sam Trammell, el bobo hermanito Ryan Kwanten, el pasado Nelsan Ellis, la acabadísima familia Bellafleur o el reverendo Newlin y esposa.

En un pueblo enano y más en la América profunda, todo se sabe, así que conoceremos a cada protagonista y habitante del lugar de un modo bastante coral. Añádele muchísimo sexo sin tapujos ( del bueno y del malo).Compartimos la opinión del protagonista, Moyer,cuando afirma que hoy en día la violencia pura está mucho más naturalizada en la televisión que una teta. Pero sobre todo, el miedo a la muerte, que tanto obsesiona a este director en sus obras. La muerte de un ser querido, la muerte propia, la muerte como parte de la vida, el sinsentido de la vida eterna.

No hace falta que veáis ni un capítulo para haceros a la idea, todo lo que habrá en la serie está en los asombrosos y pocas veces tan bien construidos créditos iniciales. Y de ahí para arriba. Muy recomendada para los fanáticos de Crepúsculo. Cuarentones de buen ver, que hacen bastante mofa del vampiro atormentado a lo Anne Rice. Muestra la dualidad del ser humano racional contra su naturaleza a la perfección.

Parece que la tercera temporada se presenta con la crítica a la sociedad de clases.Con hombres lobo, claro. Al final, si uno sabe hacerlo, como si lo hace con fichas de parchís. Y muchos se preguntan qué pasaría si el nórdico Eric Northman pillara a algún veggie de los Cullen. Yo prefiero no saberlo.

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